Un nuevo estudio vincula el tratamiento con medicamentos para el control de la obesidad con hábitos de compra más saludables
Los efectos que tienen los medicamentos para adelgazar como Ozempic, basados en la semaglutida o GLP-1, van más allá de perder peso. Y no hablamos solo de efectos en el propio organismo, sino que afectan también en los hábitos de vida. Podrían incluso cambiar la cesta de la compra, haciendo que sea mucho más saludable.
Es lo que apunta un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad de Copenhagen y publicado hoy en JAMA Network Open, tras analizar casi dos millones de tiques de compra de más de 1.100 participantes daneses.
Las personas que estaban en tratamiento con fármacos GLP-1 manifestaron cambios en sus compras habituales, pasando a llenar la cesta con productos con menos calorías, azúcares, grasas saturadas y carbohidratos, aumentando ligeramente la compra de alimentos ricos en proteínas. Además, disminuyeron la adquisición de ultraprocesados de los considerados insanos.
Se trata de un estudio observacional con limitaciones reconocidas por los propios autores, cuyo equipo ha liderado la investigadora Kathrine Kold Sørensen, pero que aporta un punto de vista novedoso en el campo de los estudios sobre estos nuevos medicamentos para adelgazar, que van más allá de la pérdida de peso en sí o de los efectos positivos directos que tiene en la salud de los pacientes. Este trabajo abre la puerta a futuras investigaciones sobre algo de lo que ya se sospechaba, que estos fármacos pueden influir en los hábitos de vida.
En este sentido, aunque no aporte grandes revelaciones en la evidencia científica actual, sí permite abrir el espectro para analizar los comportamientos de los pacientes fuera de la consulta, algo clave en los tratamientos de pérdida de peso o de control de la diabetes. Es algo que liga con otro estudio reciente sobre estos fármacos, que advierte del riesgo de efecto rebote cuando se abandona el tratamiento. Sin cambios de hábitos, de poco sirve tomar Ozempic o cualquier análogo durante un tiempo.
Es la opinión compartida por los expertos consultados por el SMC España. Cristóbal Morales, del Hospital Vithas Sevilla y vocal de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, plantea que podríamos haber encontrado la vacuna para el ultraprocesado, ya que “estos fármacos son facilitadores de un estilo de vida saludable”, y recuerda que no son el fin de la obesidad, sino el inicio de la solución. “Las personas que los utilizan bien los emplean como una herramienta de salud a largo plazo, siempre implementando hábitos de vida saludables”.
De la misma opinión es Joana Nicolau, investigadora en el Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Son Llàtzer, destacando la novedad del estudio al analizar el comportamiento de compra como marcador relevante del entorno del comportamiento alimentario de la población. Sin embargo, recuerda también que no se puede establecer una relación de causalidad directa, pues los cambios en los hábitos de compra pueden deberse también a un asesoramiento médico o nutricional, o a una mayor motivación precisamente por haber iniciado el tratamiento para perder peso.
Para Josefa García Barrado, profesora de Farmacología e investigadora de la Universidad de Salamanca, el estudio, aunque necesita una mayor profundidad que podría complementarse con trabajos más amplios futuros, plantea cuestiones interesantes al observar los comportamientos cotidianos. Y remarca que ningún medicamento puede sustituir a la terapia conductual, imprescindible para que estos tratamientos tengan éxito a largo plazo. “Su efectividad depende en gran medida de los hábitos, costumbres y adherencia al tratamiento por parte de los pacientes”.
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