Con 200 habitantes, este pueblo de Mallorca presume de playa, caminos… Y de que su vecino más ilustre sea la montaña más alta de Baleares

Escorca es un paraíso en Tramuntana para los amantes del turismo activo: senderismo, kayak, bici, espeleología, barranquismo…

Jaime de las Heras

Editor Senior

A menudo, cuando la gente identifica las islas Baleares como destino turístico, lo hace creyendo que existe un único lenguaje común entre Mallorca, Ibiza y Menorca: el del mar y el turismo de sol y playa. Esa idea funciona para una parte del mapa, pero se rompe en cuanto uno se acerca a los municipios de la Serra de Tramuntana, en el norte de Mallorca. Allí mandan la piedra, los barrancos y los bosques. Allí el aire huele a romero y a pino. Y allí aparecen joyas pequeñas, escondidas entre montañas, como si fueran calas de interior. 

En España tenemos muchos “recursos” que cambian por completo la imagen de un lugar: cascadas en mitad de sierras, cuevas que parecen catedrales, pueblos colgados de laderas, ríos que se encajonan hasta hacerse garganta, playas que solo se entienden desde un sendero. La Tramuntana ofrece esa misma sorpresa, pero con un extra mediterráneo. Y en ese juego de contrastes brilla un municipio diminuto: Escorca.

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Escorca está en el corazón montañoso de la Tramuntana, en el noroeste de Mallorca, y ronda apenas los 200 habitantes si se suman sus núcleos diseminados. La palabra “pueblo” aquí se entiende de otra forma. No se trata de una gran plaza con calles alrededor. Se trata de un territorio amplio, de fincas, encinares y carreteras panorámicas. 

Qué hacer en Escorca (Mallorca)

Monasterio de Lluc. ©Visit Illes Balears.

Su nombre queda ligado a un privilegio muy poco común: ser el hogar, o al menos tener entre sus vecinos más ilustres, la mayor altura de Baleares. Muy cerca se levanta el Puig Major, que con sus 1.445 metros marca el techo del archipiélago. La cima está dentro de una zona militar, así que no se sube de manera libre. Aun así, su silueta acompaña muchas rutas y miradores, y actúa como faro de piedra para orientarse.

Llegar a Escorca forma parte de la experiencia. La vía más escénica es la carretera Ma-10, la columna vertebral de la Tramuntana. Desde Palma se puede subir hacia Valldemossa y Deià, y continuar por una ruta de curvas y balcones naturales. También se puede entrar por el interior, desde Inca, buscando Caimari y tomando la Ma-2130 en dirección a Lluc. 

El coche da más libertad, porque los puntos de interés están muy repartidos. Aun así, existe conexión en bus con el Santuario de Lluc en temporada y días concretos, a través de la red interurbana de la isla. Conviene mirar horarios antes, porque no pasan cada poco. Escorca no pide prisas. Pide luz de mañana y ganas de parar en un mirador.

Monumento natural Torrent de Pareis. ©Visit Illes Balears.

El primer gran imán del municipio tiene nombre propio y merece una visita pausada: el Monasterio de Lluc. Más que un edificio, funciona como centro espiritual y geográfico de la Tramuntana. El conjunto mezcla historia, recogimiento y vida viajera, porque desde hace siglos recibe caminantes y curiosos. 

La basílica guarda la imagen de la Mare de Déu de Lluc, muy querida en Mallorca. El patio invita a sentarse sin hacer nada más. El lugar también sorprende por su dimensión cultural. La Escolania de Lluc mantiene la tradición del canto y aporta un ambiente especial en ciertos momentos del día. Muy cerca aparecen el Museu de Lluc y espacios dedicados al patrimonio de la sierra. Y fuera del núcleo, el Camí dels Misteris propone un paseo sencillo, con estaciones y vistas, perfecto para empezar a entender el paisaje.

Cala Tuent. ©©Visit Illes Balears.

Escorca presume de playa, y lo hace con una de las más fotogénicas de la isla: Cala Tuent. No es una playa urbana ni cómoda en el sentido clásico. Es una curva de cantos rodados y aguas claras, rodeada de montañas que parecen caer hasta el mar. El baño aquí tiene un punto salvaje, sobre todo fuera del verano. 

La carretera hasta Cala Tuent regala panorámicas y exige paciencia en las curvas. Muy cerca se encuentra Sa Calobra y la desembocadura del Torrent de Pareis, uno de los escenarios naturales más impresionantes de Mallorca. El canyon se abre de golpe entre paredes altas, y el mar entra como si fuera el final lógico de una aventura. En días calmados, el color del agua parece irreal. En días de oleaje, el lugar impone respeto.

Pero Escorca se entiende caminando. Una ruta clásica y exigente une Lluc con Sa Calobra siguiendo el Torrent de Pareis. No es un paseo familiar. Exige forma física, agua suficiente, calzado serio y sentido común. El recorrido atraviesa caos de rocas y tramos encajonados, y se convierte en una experiencia de montaña con salida al mar. 

Senderismo en Escorca. ©Visit Escorca.

Para opciones más accesibles, el entorno de Lluc ofrece itinerarios de bosque y piedra seca, con desniveles moderados y buenas sombras. El GR 221, la Ruta de Pedra en Sec, pasa por esta zona y permite enlazar etapas o hacer tramos cortos según ganas. También resulta muy popular el ascenso al Puig de Massanella, que roza los 1.365 metros y se considera el segundo gran techo de Mallorca. Desde arriba, en días claros, el horizonte se abre hacia el mar y hacia el interior de la sierra.

¿Cuándo ir? Primavera y otoño son el punto dulce. El clima acompaña, la luz es limpia y las rutas resultan más llevaderas. En verano, el atractivo del baño sube, pero también sube la afluencia, sobre todo en Sa Calobra. En invierno, la Tramuntana muestra su cara más seria.

Aun así, los días despejados regalan una calma muy especial, y Lluc se siente casi íntimo. Escorca no es solo “sol y playa”. Es una lección práctica de Mallorca. Montaña que se mira a sí misma, mar que espera al final del barranco, y un santuario que ordena el mapa sin necesidad de alzar la voz.

Imágenes | Visit Escorca / illesbalears.travel

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