
Elciego es una de las localidades más singulares de la parte vitivinícola de Álava
Es un río caprichoso el Ebro. Según por donde pase o cómo se encajone, sus resultados paisajísticos son del todo diferentes y, a la vez, el tipo de cultivos que se producen en sus meandros.
Cuando atraviesa Sierra Cantabria se vuelve aún más caprichoso y sus hoces dejan, dependiendo del margen del río que miremos, Álava o La Rioja. En esa entrada, por ejemplo, si hablamos del territorio alavés, no podemos dejar de mirar localidades como Labastida, Laguardia, Samaniego o el pueblo al que hoy ponemos en el mapa: Elciego, la patria chica de algunos de los grandes nombres del vino riojano como Marqués de Riscal, un hito si hablamos de vitivinicultura no solo en la zona, sino en España –y el mundo–.
Precisamente aquí, en uno de los codos más pronunciados del Ebro, se abre un auténtico balcón natural que otra bodega ha sabido cuidar como nadie: Bodegas Valdelana, asomándose desde un pequeño cerro a la curva que el río ha ido diseñando a lo largo de miles de años.
Bodegas Valdelana, evidentemente, no compite con el Ebro en veteranía, aunque presume de legado. Los Valdelana llevan dedicados a la vitivinicultura desde hace más de 400 años, siempre vinculados a Elciego, y aquí han sembrado un germen enraizado a través de la viña que se convierte en uno de los mejores planes enoturísticos de Rioja Alavesa. Y eso, en un territorio como este, es decir mucho.
Bautizado como el Jardín de Variedades, Bodegas Valdelana domina este pequeño cerro con un centro experimental de diversas vides y, al mismo tiempo, gozan de un mirador natural privilegiado que han coronado con un columpio –solo apto para aquellos que no conocen el vértigo– y que el próximo 12 de agosto será escenario de primera para el eclipse solar total que nuestro país vivirá.
El plan, de 50 euros por persona y cuya información encontrarás en la cuenta de Instagram de la bodega, aparte del columpio, incluye una cena con menú degustación, un par de copas de vino gratis, experiencia de guiado por el eclipse y un set con DJ, además de la omnipresencia del wine bar de la bodega, con unas impresionantes vistas, totalmente despejadas y en dirección oeste, justo donde el sol va a despedirse.
Pero Elciego no es solo Bodegas Valdelana. Aquí, si eres amante del buen pan, tienes una cita casi obligada en Panadería Barrihuelo, una tahona artesana y creativa que en los últimos años ha ganado mucha fuerza por la originalidad de sus masas.
Georgina Reinares y Álvaro Reinares Navaridas llevan aquí la voz cantante de un pequeño establecimiento que no solo se queda en el pan, sino que también coquetea con una bollería artesana de muchos quilates de la que conviene perderse ni el cruasán ni las napolitanas de chocolate.
No obstante, a Elciego uno no viene solo a comer y a beber –que no está mal, claro–. Irse del pueblo sin acercarse a la iglesia de San Andrés Apóstol, seas creyente o no, es casi un pecado.
La iglesia es uno de los mejores representantes de una mezcla ecléctica de gótico, renacentista y neoclásico, con una singular composición con dos torreones pentagonales que se unen por un enorme arco en la fachada principal, ofreciendo un frontón del todo inusual para construcciones religiosas y que, en cierto modo, le da un aire de castillo. Entrar, además, es casi obligado.
Dentro, el color todo lo invade con un altar mayor impregnado de azules y tonos dorados, principalmente barroco, que nos mece en un horror vacui de primera y que invita a recorrer con la vista cada uno de los rincones del altar mayor.
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