Gastroguía de Cuenca: qué comer en la ciudad de las Casas Colgadas y qué restaurantes no debes perderte

Gastroguia Cuenca

Asados, zarajos, estrellas Michelin, pastelerías de toda la vida, mariscos accesibles… Una escapada completa, sabrosa y a buen precio

Jaime de las Heras

Editor Senior

Son muchos los ejemplos culinarios que han hecho de Castilla-La Mancha una región muy potente en cuanto a gastronomía. De ella no podemos olvidar el morteruelo, el ajoarriero, sus zarajos o los famosos gazpachos manchegos, además de recetas tan quijotescas como los duelos y quebrantos.

La ciudad de Cuenca, a medio camino entre la llanura y la Serranía, se convierte así en una de esas capitales de interior cargada de humildes tesoros gastronómicos. Tierras de cereal, de almortas, de caza y setas y de cordero, mucho cordero, la cocina conquense se caracteriza por su intensidad y nobleza.

Una fama justa y merecida en torno al sabor pero que no impide que la Guía Michelin o que también haya algún Sol Repsol en esta capital manchega, muy cerca de Madrid (está conectada por AVE en apenas una hora) y que se convierte así en un destino turístico muy saboreable y cercano.

Hemos acompañado la guía con un mapa que puedes cargar en tu Google Maps –como este de Soria– que compartiremos el próximo viernes solo entre los suscriptores de nuestra newsletter Al fondo hay sitio.. ¿Aún no te llega? Aquí mismo puedes suscribirte. 

Índice de Contenidos (28)

Qué es típico comer en Cuenca

La mayor parte de la cocina castellano-manchega tiene un fuerte arraigo rural, marcada por los trabajos en el campo tanto en la agricultura como en la ganadería. Razón por la que algunas de las recetas más emblemáticas de la comunidad y, por extensión, de la provincia de Cuenca se caracterizan por sabores intensos, pocos ingredientes y altos índices calóricos, ya que estaban destinadas a alimentar a jornaleros y pastores.

Hablar de Cuenca es, evidentemente, hablar del morteruelo, quizá el gran plato de la provincia, muy parecido al ajopringue de Albacete. También es el territorio de los zarajos o de otro emblema de la mesa castellanomanchega como es el atascaburras.

Aparte, en muchos locales tradicionales es frecuente ver el pisto manchego, así como la particular versión que se suele hacer aquí de las migas manchegas y, por supuesto, las gachas manchegas.

Los mejores bares de raciones y tapas en Cuenca

Podríamos dividir Cuenca en dos partes: la antigua, donde está la catedral, la plaza mayor, las iglesias o las Casas Colgadas y la parte nueva, donde apreciar el contraste arquitectónica entre unas y otras.

El casco histórico atrae así al turista como reclamo pero no quiere decir que los únicos buenos bares de la ciudad se encuentre en él (aunque muchos de ellos están allí). Realmente podemos encontrar tres grandes zonas donde abundan bares de raciones, en los que suelen coexistir el conquense y el turista.

Dentro del centro de la ciudad la Plaza Mayor es uno de los grandes reclamos, como también lo es también el barrio del Castillo, en la parte alta de la ciudad. Fuera del centro, es habitual ir a la calle San Francisco, cerquita del edificio de la Diputación, para alternar entre vinos y tapas.

Comer de tapas en Cuenca es barato, fácil y variado, y en ellas encontraremos con bastante frecuencia al quinteto titular de recetas que anteriormente os hemos presentado, convertido en santo y seña de la gastronomía local.

La Ponderosa

Jamón cortado a mano, torreznos, revueltos, setas en temporada chuletas de cordero (y de más bichos) y un despliegue importante de mariscos y muchos vinos por copas hacen de La Ponderosa una parada ideal en Cuenca.

No es un bar especialmente barato pero el género es de mucha calidad y el local tiene un ambiente especial, cuya barra es una de las más legendarias de la ciudad.

El Gallo Gastrobar

No podríamos adscribir al 100% al concepto "raciones y tapas" a El Gallo pero su propuesta divertida de carta, muy apta para picoteo y compartir, se presta a ello, además de tener unos precios asequibles que rondan, saliendo bien, los 25 euros por persona.

La carta es bastante ecléctica y no está cargada de Cuenca, lo cual para los oriundos es una ventaja, que pueden disfrutar de esta cocina fresca, funcional y bastante modernita por un ticket medio más que razonable y que también encandila a viajeros.

La Tasca del Arte

Puede que uno no asocie el flamenco a Cuenca -e imagino que no le falta razón- pero en La Tasca del Arte, además de escuchar música en directo, también se disfruta de una cocina para picotear bastante interesante.

Los aires son andaluces, que se manifiestan en el salmorejo o en el gazpacho pero también hay ibéricos, conservas, quesos manchegos y varios platos calientes como carnes a la brasa (y muchas propuestas de vino) con los que descubrir buena música mientras comes o cenas.

Taberna Jovi

Abierta desde los años setenta en un callejón del casco antiguo, a un paso de la Plaza Mayor, la Jovi es la coctelería clásica de Cuenca. Tiene aire de pub inglés, con madera noble, cuero y luz tenue. Aquí se viene a beber bien: combinados de siempre ejecutados con oficio y el cóctel de la casa, el Jovini. 

Con cada copa llega una tapa. Para picar, boquerones en vinagre, anchoas de Santoña y unos dátiles con bacon que tienen fama propia. Es el sitio en el que acaban las noches conquenses.

Grotte del Huécar

Pocas terrazas en España tienen un escenario así. La Grotte se abre en una cueva a orillas del Huécar, con terrazas escalonadas frente a las Casas Colgadas y el Puente de San Pablo. 

Es un sitio de copas al atardecer más que de comer, pero el gastrobar cumple con tablas de quesos manchegos e ibéricos y algún guiño viajero, como el temaki de pez mantequilla. La carta de vinos tira de la tierra: La Mancha, Manchuela, Ribera del Júcar. En verano conviene reservar.

Pícaro Tapas & Copas

Es casi imposible no encontrar la trinidad de pisto, morteruelo y atascaburras en una barra o restaurante de Cuenca. Lo sorprendente es que en el Pícaro, un bar pub que, además de ambiente, tiene una carta algo más variada donde caben las hamburguesas y las carnes a la piedra.

En verano cuenta además con una terracita muy amable que lo convierte en uno de los epicentros del aperitivo conquense y también donde tomar un competitivo menú de fin de semana.

Restaurantes donde comer bien y barato en Cuenca

Bien y barato son dos conceptos que podemos aplicar a la mayoría de capitales de provincia de España y Cuenca no es una excepción. Si estás acostumbrado a precios de ciudades grandes, puede que te sorprenda el resolver una buena comida en Cuenca por 30€.

En este espacio damos cabida a restaurantes con un punto tradicional, incluyendo algún asador, y también a algunas propuestas algo más atrevidas pero que se mantienen en un rango de precios que rara vez supera los 40 euros.

Mesón El Bodegón

Es muy frecuente ver en cuenta bares de toda la vida donde la barra y la sala comparten parte de la carta o donde picotear y sentarse forma parte de la misma experiencia. El Bodegón es uno de esos lugares donde acertar sin gastar más de la cuenta.

Es asequible, tradicional y sus cartas están cuajadas de referencias a platos muy conquenses, donde elaboran un muy buen morteruelo y un buen ajoarriero. También merece la pena probar algunas de las especialidades de la casa, como el fantástico codillo en salsa. Sencillo y sin pretensiones y con un ticket medio que no suele sobrepasar los 30 euros.

Marisquería Joni

Cuenca está lejos del mar, pero tiene la que probablemente es la mejor marisquería de la provincia. Joni es un local de barrio en la Plaza de la U, con barra de género expuesto sobre hielo, comedor y una terraza muy agradecida para ir con niños. 

Se viene por la fritura de pescado, los arroces marineros, los piquillos rellenos y un pescado de una frescura que sorprende tierra adentro. Los precios son ajustados para tratarse de marisco y el servicio es cercano. Siempre está lleno, así que hay que reservar.

Asador de Antonio

Si en Cuenca se viene a comer cordero, este es uno de los sitios. El Asador de Antonio es una casa conquense de las de siempre, con horno de leña como eje de la carta. El cordero lechal y el cochinillo asados son la razón de ser del local, acompañados de patatas. 

También salen bien el chuletón de ternera y entrantes sencillos como el calabacín relleno o la ensalada de tomate con anchoas. Raciones generosas, trato atento y una relación calidad-precio difícil de igualar. Conviene reservar el fin de semana.

Nazareno y Oro

Toda una institución cuando hablamos de asados en Cuenca, con una trayectoria de más de dos décadas y que en sus últimos años está regentado por Quico Pérez, que mantienen la buena mano con los corderos y los cochinillos.

La carta es breve, con una docena de entrantes clásicos, que sirven de preámbulo para las brasas y los asados, que son los puntos fuertes del local, y que se pueden equilibrar con algunos platos de pescado muy logrados como la merluza al horno o el bacalao confitado.

Piola Gastrobar

En los bajos del Hotel Convento del Giraldo, en plena calle San Pedro y a un paso de la catedral, Piola es uno de esos sitios del casco antiguo que valen para todo. Abre de ocho de la mañana a once de la noche, así que sirve para el desayuno, el vermú, la comida o la cena. La cocina, de corte actual, apuesta por producto de cercanía con la batuta del chef José Ignacio Herraiz, un auténtico referente en la provincia. 

No faltan los platos típicos conquenses, hay opciones para celíacos y alérgicos, y los postres son caseros. La carta de vinos sale de una cava propia. Su gran baza es la terraza, mucho más tranquila que la barra interior y de las más agradables del barrio. Se come bien por entre 20 y 30 euros. Se puede reservar.

Las Brasas

Morteruelo y caracoles en Las Brasas

Mesón castellano de los de siempre, sobrio y familiar, en la calle Alfonso VIII, a un paso del casco histórico. Las Brasas hace honor a su nombre: lo suyo es la parrilla, por la que pasan ibéricos, buen vacuno y cordero, que también se sirve asado en uno de los restaurantes imprescindibles en Cuenca.

El mejor resumen de la casa es su selección de cazuelas para compartir, con morteruelo, pisto manchego y ajoarriero, la manera más rápida de probar de una sentada los tres clásicos conquenses. No dejes tampoco de pedir sus caracoles en salsa. Se pone de bote en bote, sobre todo los findes, así que asegura la reserva por muy clásico que creas el restaurante.

Olea Comedor

La papada de cerdo con salsa de cacahuete y hierbabuena es un plato propio de influencia thai, muy logrado.

Con el sello Bib Gourmand de Guía Michelin (que premia a los restaurantes asequibles pero con buena propuesta) en la entrada, Olea Comedor es otro de esos imprescindibles de la nueva Cuenca.

Caracterizado por sus cambiantes menús, bastante asequibles, el chef Eduardo Albiol propone una cocina viajera en torno a materias primas de mucha calidad, sobre todo manchegas, que se combinan en preparaciones que podríamos ver en otros países –hay mucho plato peruano–, jugando con toques frescos, picantes y diferenciales para seguir sorprendiendo a la ciudad.

El Torreón

A un paso de la catedral, El Torreón es uno de los restaurantes del casco antiguo con mejores vistas desde la terraza. Su seña de identidad es la carne a la barbacoa de piedra volcánica, con una selección de piezas maduradas. A su alrededor hay una cocina tradicional puesta al día: dumpling de morteruelo, ajoarriero, migas de pastor. 

Completan la carta pescados y mariscos gallegos como el pulpo a la parrilla o el arroz con bogavante. Se come bien por 20-30 euros y, previa reserva, admiten mascotas en todo el local.

Romera Bistró

Sencillo, moderno y original. La cocina de Romera es otra de esas sabrosas curiosidades que a uno le sorprenden al adentrarse en Cuenca, donde con humildad, producto y algunos guiños atípicos en la zona demuestran que la gastronomía no es un sota, caballo y rey.

Menús atractivos y asequibles, un local luminoso y recetas donde la preparación y emplatado cobran protagonismo son los puntos fuertes de un local llamado a ser de los importantes en cualquier ruta gastronómica por la ciudad.

Posada de San José

En uno de los hotelitos más tranquilos de la ciudad (Posada de San José) se abre este restaurante, libre de pretensiones y muy sencillo, caracterizado por algunos clásicos de la cocina de Cuenca, variados entrantes y buena mano con las carnes, como su perdiz escabechada.

Asequible, tanto en habitaciones como en precio de restaurante, La posada de San José es una apuesta infalible tanto para viajeros sin pernocta como para aquellos que vayan a estar varios días en la ciudad y necesiten un hotel apto para todos los bolsillos.

Restaurantes gastronómicos en Cuenca

Menciones en la Guía Michelin y algún sol Repsol son el refrendo de la crítica especializada para algunos de los restaurantes de Cuenca. En esta categoría añadimos locales de alta cocina -o cocina creativa- y también restaurantes tradicionales en Cuenca, pero con un ticket medio algo más elevado de lo habitual.

Casas Colgadas

En 2018, Jesús Segura consiguió su primera estrella Michelin y en 2019 llegó el primer sol Repsol, que valoraron así su cocina del entorno, evolucionada desde la cocina de secano que ha perseguido este chef desde sus inicios.

Convertido en el chef de referencia de la alta cocina conquense, donde insiste cocinar el paisaje, Segura abrió Casas Colgadas en 2022, en un escenario icónico dentro de la ciudad, y que le ha valido para regresar a los laureles Michelin, además de poner en marcha una gastronomía auténtica, creativa y precisa que convierten en el restaurante en un punto de referencia, no ya en la provincia o Castilla-La Mancha, sino a nivel nacional. 

Casa de la Sirena

Es el segundo proyecto de Jesús Segura en el casco antiguo, la casa pequeña de Casas Colgadas. Ocupa el antiguo almacén anexo a las famosas casas voladas y debe su nombre a una de ellas. 

Tras sus muros de piedra hay un interior moderno, casi minimalista, y una cocina contemporánea que reinterpreta el recetario conquense con la misma mirada de territorio que su hermano mayor, pero en un registro más informal y asequible. 

Se puede comer a la carta o elegir entre dos menús degustación con maridaje opcional: uno largo de seis pases y otro corto de cuatro, este solo de miércoles a viernes.

Casa Manzar

Pocos comedores de Cuenca tienen una historia tan sonora: Casa Manzar ocupa la antigua casa de José Luis Perales, en la Ronda de Julián Romero, colgada sobre la Hoz del Huécar. El edificio es el mismo donde durante años funcionó el Figón del Huécar. 

La cocina es tradicional y de mercado, muy respetuosa con los sabores de siempre, y trabaja producto de la tierra y vino local. Se sirve en formato de menú con muchas opciones donde elegir. La terraza sobre la hoz es su gran baza y en verano invita a cenas largas y románticas. Ronda los 50-55 euros por persona. 

Parador de Cuenca

El antiguo convento de San Pablo, convertido en parador de turismo desde 1993, es uno de los lugares con más encanto para alojarse en Cuenca y su restaurante también es una forma perfecta de descubrir la gastronomía local, sobre todo en su patio interior.

Migas, pisto, asadillo, zarajos, ajoarriero (en la imagen), morteruelo... la panoplia de recetas clásicas está al completo en este restaurante, que se remata con algunos arroces y ciertos asados, como el cordero, que sirven para hacerse una panorámica completísima de la gastronomía de Cuenca.

Raff San Pedro

En el casco antiguo, en los bajos del hotel Leonor de Aquitania, Raff San Pedro ocupa unas caballerizas del siglo XVI convertidas en uno de los comedores con más carácter de Cuenca. El proyecto lo fundó José Ignacio Herráiz, primero como barra gastronómica en 2006 y como restaurante desde 2017, aunque ya está desvinculado del proyecto, encargándose por completo Miguel Escutia –al que también vimos en Casa Manzar–.

Se puede comer a la carta, con guiños al recetario clásico, o optar por el menú Acervo, que cambia según el mercado. Una bodega amplia y muy trabajada completa la experiencia. Con un Sol Repsol y la recomendación de la Guía Michelin, es uno de esos gastronómicos entendibles y a precio razonable que justifican por sí solos el viaje. Hay que reservar.

Casa Marlo

Maripaz Marlo, con más de tres décadas de experiencia en cocina, es la jefa de los fogones de Casa Marlo, es capaz de entroncar la tradición manchega, dando espacio a la cuchara y a platos regionales, con recetas más creativas.

Es un lugar perfecto para saciar las ganas de ajoarriero, morteruelo o pisto pero también para darse festines a base de buenas carnes o descubrir algunos guiños al pescado. Un restaurante de mimbres tradicionales y siempre resultón para descubrir Cuenca a bocados.

Recreo Peral

Especialmente agradable en verano, ya que se encuentra a orillas del Júcar, el restaurante de Nacho Villanueva es uno de los llamados a terminar de poner Cuenca en el mapa gastronómico nacional con propuestas vanguardistas y originales tanto para tapear y compartir como para apostar por el menú degustación.

Influencias orientales y americanas se juntan así en los aderezos de una carta que es fiel al producto -y muy asequible, incluyendo diferentes formatos de ración- que permiten al indeciso saborear distintos platos por un ticket medio que se puede abrochar en torno a los 40 euros.

Dónde desayunar y hacer brunch en Cuenca

La mañana conquense sigue siendo más de pastelería de toda la vida que de brunch internacional, y pocas casas lo representan mejor que la Confitería Ruiz (Calle Carretería, 14). Esta cafetería familiar abrió en 1951 y es parada obligada para desayunar o merendar en la calle principal de la ciudad. 

El mostrador va de los petisús y las trufas a los milhojas, que son su gran especialidad, y la taza de chocolate es casi un ritual. Para quien llega con más hambre, también despacha raciones de calamares o gambas a la gabardina.

El chocolate tiene otro templo en Hermanos Martínez (Calle Fermín Caballero, 20, y Plaza del Espliego, 7). Esta churrería es el refugio de los conquenses en los días de frío, con unas roscas de churros enormes, servicio rápido y precios ajustados. En la misma calle está el Café Central (Calle Fermín Caballero, 23), frente a la estación de autobuses. 

Café Central.

Este café mítico, abierto en 1993, volvió a la vida en 2024 con nueva dirección. Hoy apuesta por el café de especialidad, las tostadas y una bollería artesana de obrador, en la que los rolls de canela y de pistacho son imprescindibles. Además, admite perros.

Quien busque un desayuno largo de corte más actual tiene su sitio en Melatte Coffee & Brunch (Calle Emilio Sánchez Vera, 1), el local que trajo a Cuenca la cultura del flat white y el brunch. En la carta hay huevos Benedict, açai bowls, crepes salados, cookies, matcha y zumos naturales, además de tartas caseras y helados artesanos. 

Heladería Capri Cuenca

En plena Carretería, la Heladería Capri (Calle Carretería, 32) es mucho más que una heladería. Sirve buenos desayunos en su terraza, perfecta para ver pasar la vida de la calle más concurrida de la ciudad. Por la tarde manda el helado artesano italiano, con una carta enorme que va de los clásicos de chocolate o turrón a sabores tan llamativos como el de unicornio o el de nube.

Para llevarse el dulce a casa hay tres direcciones ineludibles. Confitería Marisol (Calle Diego Jiménez, 4) suma cuatro generaciones de pasteleros y es la confitería de cabecera de muchos conquenses. 

Milhojas de merengue de Casa de Lerma.

Allí hay que comprar alajú de almendra y piñones, yemas, torrijas o sus tartas por encargo, y también tienen opciones sin azúcar y veganas. Igual de arraigada en la vida de la ciudad está Casa de Lerma (Calle Fray Luis de León, 11), una confitería familiar camino de su centenario. 

Raro es el conquense que no ha llevado alguna vez sus pasteles a casa un domingo o no ha quedado bien regalando sus célebres milhojas de merengue, la especialidad de la casa; su alajú, elaborado sin aditivos, es otra compra segura. 

Ya en el casco antiguo, My Cat's Cake (Calle Alfonso VIII, 30) es una pequeña pastelería de espíritu desenfadado donde cada tarta se hace con mimo. La carrot cake, el bizcocho de limón y las bolitas de chocolate justifican la parada en plena subida hacia la Plaza Mayor.

Imágenes | iStock / Confitería Ruiz / Casa de Lerma

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