
Utilizan la misma masa frita de los churros pero en un formato adaptado para poder rellenarlos con ingredientes dulces o salados
Grandes dilemas nos asaltan a la hora del desayuno. ¿Dulce o salado? ¿Churros, porras, o mejor un bocadillo? Y hay mentes visionarias que deciden que no hay por qué conformarse con una única opción si puedes combinar varios manjares en uno, sobre todo si partes de una masa tan versátil como la del churro. De esa idea nació el churrocata, una de las especialidades más singulares que se pueden probar en el barrio malagueño de Teatinos.
El churro es nuestro plato más internacional, con infinidad de versiones por todo el mundo, muchas surgidas en los últimos años gracias a la popularidad que ha ganado, especialmente, en el mercado asiático. Solo en España ya encontramos una variedad inmensa de formatos y acompañamientos, compitiendo en algunos lugares con la porra, aunque la sencilla masa, en esencia, es siempre la misma. Una masa neutra que puede dar mucho más de sí si nos atrevemos a jugar con ella sin miedo a traicionar la supuesta tradición.
Es lo que pensaron en La Churrocatería, una cafetería de Málaga donde defienden precisamente esa tradición de toda la vida, pero se atreven a darle una vuelta más actual. Tradición e innovación es su lema, y su creación más exitosa es, sin duda, el churrocata. Un producto que no engaña ni por el nombre, ni por el aspecto: es un bocadillo con masa de churro. Tal cual suena, pero con unos leves ajustes.
Tal y como explica su propietario, Pablo Zinna, en una entrevista a Diario Sur, la masa de churro combina igual de bien con dulce que con salado, por lo que, siguiendo ese espíritu creativo que define a su negocio, un día se les ocurrió darle una forma distinta para poder convertirlo en una suerte de barra de pan que se pueda abrir y rellenar. Como si fuera una viena tipo pepito, el típico pan de Málaga que se suele usar para bocadillos de desayunos, almuerzos y meriendas.
Pero no sirve el formato normal del churro, ni del churro-porra que se estila en otras regiones, ni mucho menos del tejeringo malagueño. Lo que hacen en La Churrocatería es sacar porciones de la misma masa del churro con un formato similar al pan de bocadillo, mucho más ancho, y lo fríen en porciones. Una vez listo y escurrido, con su característica corteza dorada y crujiente, lo abren longitudinalmente para sacar dos mitades, vacían parte del interior, y lo rellenan al gusto del cliente.
Ofrecen churrocatas salados y dulces, porque, como ya hemos mencionado, la masa se presta a tomarla casi con cualquier cosa. Aunque los sabores que más tirón tienen son los salados, pues son los más originales y los que más éxito tienen entre sus clientes, muchos ya habituales. Actualmente tienen en carta las opciones de relleno mixto, pollo, lomo, serrano o bacon; a 3,80 euros el churrocata normal, un euro más si se prefiere en formato XXL. Los más golosos pueden elegir entre rellenos de Nutella, dulce de leche, chocolate blanco, Kinder, Ferrero y fresa.
La clave del éxito del invento está en el dominio de sus autores de la masa del churro y su fritura, algo esencial para que el churrocata no sea un engendro grasiento, indigesto y difícil de comer. Al contrario, Zinna señala que buscan obtener una masa fina y crujiente, nada aceitosa, seca por fuera y con el interior algo más jugoso, siempre con el sabor del churro tradicional presente. La calidad de los ingredientes, el tipo de aceite y el control de la fritura es esencial, igual en la elaboración de un churro corriente de calidad.
Además de churrocatas, en La Churrocatería preparan artesanalmente los tradicionales tejeringos de Málaga, churros tipo madrileños que han bautizado como 'malagueños', y churros rellenos con coberturas dulces. Además se pueden probar fondues de chocolate combiando minichurros y fruta, golosos platos de minichurros con otros dulces y salsas, o los típicos gofres, crepes y tortitas. A este festival del azúcar se suma una buena carta de bocadillos y pitufos de toda la vida y diversas bebidas para satisfacer el gusto de todos, en el desayuno o la merienda.
No son los únicos churros innovadores que podemos encontrar en España, dejando de las las franquicias que imitan más modelos estadounidenses. También se han adentrado en el mundo del churro salado, por ejemplo, en la Churrería La Ermita de Leganés, donde sirven la porra serrana con jamón o mixta, con jamón y queso, y también ofrecen salchichurros, con el formato mini. En La Selecta de Churros, en Barcelona, también tienen una carta con sección de churros salados, con opciones como frankfurt y queso, sobrasada y miel, jamón o fuet.
Pero hay que reconocer que el formato y el nombre de churrocata es una pequeña genialidad, sin abandonar la tradición.
Imágenes | La Churrocatería - @unapausaparacomer
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