
El local original se abrió a comienzos del siglo XX, pero a mediados cambió la estética y la propiedad
Pocas películas han causado tanto impacto mediático en el cine español en los últimos años como La bola negra, dirigida por los Javis, Javier Ambrossi y Javier Calvo, y que, dentro de unos meses, representará a nuestro país en la ceremonia de los premios Óscar.
La película, basada en la historia de varios personajes homosexuales, tiene también a la ciudad de Madrid en el punto de mira dentro de sus tramas, hasta el punto de que una antigua bodega abierta en el barrio de La Latina es uno de los lugares más icónicos de la escenografía del filme.
Se trata de La Copita Asturiana, una taberna que abrió sus puertas por primera vez en 1959 y que se encuentra en el número 13 de la calle de Tabernillas, en pleno corazón del barrio de La Latina.
Abierta originalmente por Pepe y Mari, una pareja asturiana que emigró en su juventud desde el concejo de Valdés, La Copita Asturiana presume de mantener su fachada original, que cuenta con protección municipal, y su mostrador de estaño. Convertida en un clásico de la zona, aguanta carros y carretas frente a la gentrificación y la turistificación de un barrio más que lleno de viajeros.
La Copita Asturiana sigue presumiendo de algunos clásicos de la cocina del norte de España, como la fabada, las fabes con almejas o los callos con garbanzos. Además, como era de esperar, ofrece raciones abundantes y demuestra ese buen manejo de las legumbres. Aparte de eso, en su carta también es frecuente encontrar carnes y pescados.
Convertida ahora en reclamo turístico a través del cine, La Copita Asturiana aparece en La bola negra en una de las escenas que comparten Carlos González y Lola Dueñas, dos de los actores secundarios más relevantes de la película.
Quizá la parte positiva de toda esta andadura es que todavía sigue siendo un negocio familiar en el que Mari continúa trabajando de forma puntual. Olga, su hija, se hizo cargo del negocio en 2018 y aún comparte con ella faena en los fogones y atendiendo al público.
Junto a ellas está José María, el marido de Olga, que decidió dejar su trabajo como economista para volcarse en el negocio de su familia política. Entre todos mantienen La Copita Asturiana como un referente de ese Madrid al que Mari y Pepe llegaron con apenas 16 y 27 años, respectivamente.
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