Este diminuto pueblo de Palencia tiene solo 20 habitantes, pero alberga una de las iglesias románicas más bellas y sorprendentes de España

El pequeño templo dedicado a San Juan Bautista es una joya de nuestro patrimonio que pasa desapercibida en medio de la provincia palentina

Liliana Fuchs

Editor

La frecuente soberbia de las iglesias góticas, renacentistas y barrocas han relegado a un inmerecido segundo plano a los templos de la Alta Edad Media, cuando España está salpicada de ejemplos románicos que quitan el aliento a quien los descubre por primera vez. Pero para ello hay que desviarse de las grandes capitales en busca de pequeños pueblos como Moarves de Ojeda, guardianes de tesoros inesperados.

Moarves es villa y pedanía de Olmos de Ojeda, en la comarca de Boedo-Ojeda de la provincia de Palencia. Un territorio de Castilla y León como tantos otros de la España más de interior que sufre la despoblación y un olvido inmerecido, pues en esta zona, especialmente, aguarda un paisaje de gran belleza con poblados llenos de encanto y, sobre todo, un patrimonio histórico-artístico que siempre cautivan al primerizo.

El origen del pueblo se remonta a la época de la repoblación cristiana, y su nombre precisamente hace referencia a los mozárabes que se instalaron por primera vez en la zona; durante los primeros siglos de la Alta Edad Media la villa se denominaba Moharabes. Toda esta zona vivió su máximo desarrollo desde finales del siglo XVIII, con el impulso industrial de la comarca, pese a que la mayoría de pueblos conservarían siempre sus raíces eminentemente rurales. Ya en el siglo, el despoblamiento y declive económico llevaría a Moarves a reducir su población a apenas una veintena de vecinos censados.

Una joya del románico español

Y es en este desconocido y casi olvidado pueblo palentino donde aguarda con orgullo uno de los mejores y más bellos ejemplos del arte románico nacional, la iglesia de San Juan Bautista. Un templo pequeño, pero de tal calidad artística que hasta el escritor Miguel de Unamuno quedó maravillado a su encuentro, tal y como plasmaría en Andanzas y visiones españolas (1922), donde la describió como 'encendida encarnación'.

El templo que ha sobrevivido hoy conjuga claramente dos etapas constructivas; la original, del siglo XII, y la reforma tardogótica que adaptó el edificio a las necesidades del culto de la época. Por suerte, lo que se ha conservado, además de la pila bautismal, son las fachadas norte y sur, con la espectacular portada que preside la entrada en esta última.

Construida con sillares de piedra rojiza con matices amarillentos, la portada se abre en un muro adelantado resguardado bajo un dosel, enmarcada por dos pequeños ventanales decorados.

Recordando a Carrión de los Condes, la puerta se abre bajo cinco arquivoltas de medio punto decoradas con motivos ajedrezados, baquetones y hojas de acanto, que descansan en los capiteles decorados de columnas adosadas. Estos están engalanados con bellos motivos figurativos, representando diferentes escenas muy típicas de la época, tanto populares —juglares, salimbanquis, guerros, músicos...— como bíblicas —Sansón contra el león—. 

Aunque la verdadera maestría escultórica nos vigila desde lo alto de la puerta, con el característico Cristo en Majestad o Pantocrátor, enmarcado en su mandorla, flanqueado por el tetramorfos de los evangelistas, presidiendo el friso que remata la fastuosa portada. A ambos lados del Maiestas Domini se desarrolla, en simetría, el apostolado, con cada figura perfectamente representada y diferenciada con sus atributos propios, todos bajo pequeños arcos lobulados con columnillas de capiteles vegetales.

El detalle, la riqueza y la calidad técnica de todo el conjunto escultórico, perfectamente integrado en la arquitectura, hacen que San Juan de Moarves, sea sin duda una de las obras maestras del románico palentino y nacional, también por la singularidad de su emplazamiento. Nada haría sospechar que la pequeña villa esconde una obra de este calibre, siendo en sí misma una iglesia modesta y pequeña, de una única nave con cabecera poligonal y hastial a los pies, donde en la reforma posterior se situó la típica espadaña en la que hoy anidan cigüeñas.

Para contemplar esta obra en vivo solo hay que seguir la carretera que cruza la ruta entre Herrera y Cervera de Pisuerga, y no confundirla con la población anterior, San Pedro de Moarves, donde también hay una pequeña iglesia. San Juan se alza sin atisbo de pérdida junto a la calle Real Moar, que atraviesa la villa. Aunque suele estar cerrada, si hay suerte se puede solicitar la llave para visitarla preguntando en la casa de enfrente, aunque, por suerte, lo mejor de esta joya está en el exterior, para el libre disfrute de todo el que se acerque. 

Y sin duda merece la pena cualquier desvío por la zona.

Imágenes | Palencia Turismo - Flickr/Santiago López Pastor

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