
Tan solo a 30 kilómetros de la capital provincial
No son muchas las localidades que puedan presumir en nuestro país de formar parte de la asociación de Los Pueblos más Bonitos de España. Algo de lo que puede fardar nuestra protagonista de hoy: Ledesma.
A apenas 30 kilómetros de la ciudad de Salamanca, este pueblo de unos 1.500 habitantes no solo saca pecho por su pasado más reciente, sino por hundir sus raíces hace más de 2.000 años.
En sus alrededores hay vestigios de asentamientos vetones –como el castro de Bletisa– y testimonios romanos imperiales, habida cuenta de que Ledesma jugaba un papel importante en una provincia como la Lusitania. Tras la caída del Imperio, la zona quedó en manos visigodas, aunque de aquel paso no hay testimonios fehacientes en una Ledesma que después de la presencia musulmana cobraría fuerza ya como territorio cristiano en la Reconquista.
Aquí resurge la localidad, ya con rango de villa. Es en esa Baja Edad Media cuando se construye el castillo y se levantan las murallas, de las cuales hoy quedan algunos vestigios, incluido una de sus puertas de entrada.
No obstante, el boom económico y social de Ledesma llegaría ya a finales del siglo XV y en el siglo XVI. En ese momento, por ejemplo, construye la Iglesia de Santa María la Mayor, que aún hoy domina el conjunto del pueblo con uno de los arcos escarzanos más singulares de Castilla y León.
No es la única, sin embargo. Otras iglesias como la de Santa Elena o la de San Miguel revelan la relevancia de la villa en la Baja Edad Media, así como ya en la Edad Contemporánea aparecerá la Iglesia de San Pedro y San Fernando.
A ese calor económico renacentista se debe también la presencia de hidalgos y nobles en un territorio que creció al mismo compás que esa monarquía hispánica, dotando a la ciudad de palacetes y casas señoriales de los que quedan elementos como la Casa del Corregidor, hoy el Ayuntamiento, así como otras construcciones civiles como el Palacio de Beltrán de la Cueva, la antigua sede de la orden de malta o los restos de la casa nobiliaria de las familias Godínez, Rodríguez de Ledesma y Fonseca
Pero también elementos mucho anteriores como el puente viejo –de base románica, que cruza el Tormes– o los cerca de tres kilómetros de muralla que rodean esa Ledesma medieval que luego se expandiría extramuros, de la que se conservan buena parte de sus lienzos románicos, así como el castillo, ya de por sí un prodigio técnico en su época que contaba con un complejo sistema de canalizaciones de agua para sobrevivir asedios.
Una visita indispensable para entender la historia salmantina desde hace más de 2.000 años que recibe hoy en una Ledesma sorprendentemente monumental como una de las escapadas más curiosas de toda la provincia.
Imágenes | Turismo de Castilla y León / Spain.info
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