La vida a 1.242 metros de altitud forja un carácter serrano, no solo en el paisaje, sino también en la gente que allí habita. Precisamente es lo que sucede en la localidad salmantina de La Hoya, con apenas 30 habitantes censados, y que tiene el honor de ser el pueblo más alto de la provincia.
Aquí, de hecho, aparece la entrada a la estación de esquí de La Covatilla, motivo por el cual el municipio, especialmente en invierno, multiplica sus residentes a costa del turismo de nieve.
Pero eso no significa que a La Hoya solo se deba –y pueda– ir en invierno, ya que en verano es otro de esos reductos españoles donde dormir tapado es casi una bendición.
Apenas a 15 minutos en coche de la localidad de Béjar, La Hoya tiene un par de bares y alguna casa rural donde pernoctar, pero lo mejor, sin duda alguna, es tener como referencia la zona para practicar senderismo.
La Hoya. ©Turismo Ruta de la Plata
No apto para todos los niveles, hemos de advertir. Estamos en las puertas de algunas de las mayores alturas de las sierras salmantinas, así que no concibamos estas excursiones como un sencillo paseo al monte. Sin embargo, si tenemos una buena forma física, comprendemos los riesgos de la ruta y vamos bien equipados, hay algunas sorpresas que aquí te dejarán boquiabierto.
Precisamente lo que sucede con el circo glaciar de Hoya Moros, un sendero de alta montaña que parte desde la plataforma de El Travieso –aquí puedes llegar en coche– y que sigue subiendo hasta superar los más de 2.400 metros que marca el Canchal de la Ceja, el pico más alto de toda la provincia de Salamanca, y los casi 2.400 de El Calvitero –la segunda máxima altura salmantina– que luego ya vuelven a marcar la bajada hasta el circo glaciar.
Insistimos: no es un paseo para curiosos ni para senderistas sin formación. Es un recorrido exigente, que ronda los 14 kilómetros y que, incluso para gente en buena forma, supone unas siete horas de caminata a buen ritmo.
Iglesia del Espíritu Santo, en La Hoya. ©Turismo Ruta de la Plata.
Más terrenales, por ejemplo, se puede hacer un paseo lineal muy amable como es el Sendero de la Canaleja, que une Béjar con Candelario y que, además, tiene bastante sombra durante sus tres kilómetros de recorrido, que sí es apto para todos los públicos.
Accesible también es la Garganta del Oso, que sale desde Candelario, y que está cuajada de puentes y árboles de ribera, siendo una ruta bastante fresquita –sobre todo en verano– y que durante ocho kilómetros desvela algunos de los grandes encantos de la provincia.
Más fácil aún y apta para bicicleta es la vía verde de la Sierra de Béjar, que se puede hacer por tramos sin dificultad y que es apta tanto para cicloturistas como para senderistas, con más de 50 kilómetros de recorrido en su tramo salmantino y que es otro buen plan para familias y grupos de amigos.
Imágenes | Sierras de Salamanca / Turismo Ruta de la Plata