
El Barco de Ávila es una de esas localidades imprescindibles para visitar y comer bien en el suroeste de la provincia
Cuando se habla en Castilla y León de judías –o judiones– es muy probable que todas las miradas pongan rumbo a Segovia. Allí brillan con luz propia desde hace décadas los famosos judiones de La Granja.
Sin embargo, en la provincia de Ávila, a los pies de la Sierra de Gredos y acompañadas por el transitar del río Tormes, otras judías cobran fuerza en el mapa castellanoleonés de las legumbres de calidad: las judías de El Barco de Ávila.
Irónico nombre, claro, que no debe ninguna motivación náutica, El Barco de Ávila es una de esas poblaciones serranas en el confín occidental de la provincia que conjuga a la vez naturaleza, patrimonio y la imponente presencia de la montaña dentro de su panorámica.
Situado en el suroeste de Ávila, muy cerca de los límites con Salamanca y Cáceres, este municipio se encuentra a más de 1.000 metros de altitud y a orillas del Tormes. Su posición, en las inmediaciones de la Sierra de Gredos, ayuda a explicar tanto su paisaje como una historia marcada durante siglos por las comunicaciones entre la Meseta y Extremadura.
Y aunque sus famosas legumbres constituyen una magnífica excusa para acercarse hasta aquí, basta recorrer su casco histórico para descubrir que hay bastante más. Un castillo medieval, un viejo puente sobre el Tormes, una plaza mayor de marcado sabor castellano y una iglesia gótica convierten la localidad en una interesante escapada por el sur de la provincia.
Un castillo a orillas del Tormes
El principal emblema monumental es el castillo de Valdecorneja, una fortaleza levantada en el siglo XV y vinculada históricamente a la Casa de Alba. Su robusta silueta, reforzada por torres y elevada junto al río, recuerda la importancia estratégica que tuvo la villa en la Edad Media.
Hoy el castillo ha perdido cualquier función defensiva, pero continúa dominando el paisaje de El Barco. Su entorno permite disfrutar, además, de algunas de las mejores perspectivas del Tormes y de las montañas que rodean la población.
No muy lejos aparece otro de sus símbolos: el puente medieval. Atravesar el Tormes por él permite contemplar una de las estampas más fotogénicas de la localidad, con el río en primer plano y el castillo emergiendo sobre el caserío.
De la plaza Mayor a la iglesia de la Asunción
Desde el entorno del castillo merece la pena adentrarse caminando en el casco histórico. El recorrido desemboca en la plaza Mayor, corazón de la vida local y uno de los espacios que mejor conservan la atmósfera castellana de El Barco. En sus alrededores se suceden calles estrechas, construcciones tradicionales y vestigios que recuerdan el pasado medieval de la población.
Entre ellos se encuentran restos de la antigua muralla, que durante siglos protegió la villa. También destaca la Casa del Reloj, ligada al antiguo Ayuntamiento y convertida en otra de las construcciones reconocibles del centro histórico.
La visita monumental se completa con la iglesia Mayor de Nuestra Señora de la Asunción. De origen medieval y carácter predominantemente gótico, su contundente fábrica de granito encaja con la arquitectura serrana y recuerda que, junto al castillo, el templo fue uno de los grandes polos alrededor de los cuales se desarrolló la población medieval.
Las judías de El Barco de Ávila
Pero visitar El Barco y no probar sus judías supondría dejar la experiencia a medias. Las Judías de El Barco de Ávila cuentan con Indicación Geográfica Protegida y constituyen uno de los productos gastronómicos más estrechamente asociados a esta parte de la provincia.
Especialmente apetecibles durante los meses fríos, forman parte de esa cocina castellana de montaña en la que los platos de cuchara adquieren todo el protagonismo. Su fama ha conseguido que el nombre de la localidad viaje mucho más allá del valle del Tormes.
Tras la mesa, el río vuelve a reclamar atención. Pasear por sus riberas ofrece la cara más natural de la escapada, entre vegetación fluvial y panorámicas serranas. Y siempre, al fondo, permanece la Sierra de Gredos, responsable de que El Barco de Ávila reúna en apenas unos kilómetros patrimonio medieval, gastronomía y naturaleza.
No habrá mar ni embarcaciones que justifiquen su curioso nombre, pero sí un castillo vigilando el Tormes, un puente medieval, una plaza Mayor castellana y unas judías con nombre propio. Razones suficientes para demostrar que, cuando de legumbres y escapadas se trata, no todo en Castilla y León conduce a La Granja.
Imágenes | Turismo de Castilla y León
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