
Son las dos turistadas por antonomasia del país vecino
Portugal se ha convertido por derecho propio y por proximidad en uno de los mejores aliados turísticos para el viajero español. No solo está cerca, sino que las condiciones para llegar allí y disfrutar del viaje son muchas y muy variadas.
Por eso, no me extraña que miles de españoles crucen cada año la frontera lusa para acercarse a algunas de sus ciudades más icónicas o a sus playas. Se come bien, es un país agradecido y agradable, tiene precios razonables y encantos suficientes como para tentar a todos los públicos.
Pero también tiene sus trampas para guiris, las cuales, si hablamos de Portugal, resumo generalmente en dos engañaturistas de libro: los pasteles de nata y las conservas.
Pastel de nata y conservas: la doble turistada
Los pasteles de nata se han convertido en la paella de Portugal, o en su tarta de queso al estilo vasco… Están en todas partes, a pesar de ser una receta originaria de Lisboa, y el viajero no duda en echarse en brazos de este dulce –que está bueno, no vamos a mentir–, pero que de auténtico no tiene nada si lo vemos hasta en el último rincón de Portugal.
Aunque no es el pastel de nata, como digo, el único souvenir gastronómico en el que pretendo no caer si voy a Portugal: la otra trampa son las conservas. Como sucede en España, la conserva de pescado tiene una larguísima trayectoria en la cocina portuguesa y, al contrario que nosotros, han sabido explotarla como reclamo turístico hasta límites insospechados.
No me parece mal, claro. De hecho, prefiero que se popularice comprar conservas de pescado porque no se ponen malas, no sufren en el transporte y son sanas a más no poder. Un win-win, vaya.
Lo que me gusta menos, quizá entre el chovinismo y un perfil un poco hater, es que caigamos en la tentación de comprar latas solo por su estética. Precisamente lo que está sucediendo desde hace un tiempo en Portugal, donde es más fácil encontrar conservas bonitas que conservas buenas en las zonas más turísticas.
No tengo nada en contra de que la gente se gaste su dinero en lo que quiera, pero si pretendéis llevaros buenas latas de conservas de pescado tras vuestro viaje a Portugal, lo más recomendable es que os dejéis caer por un supermercado donde, a menudo, vais a encontrar a los mismos fabricantes que producen las latas pintonas –incluidas esas que ponen años, que no añadas– y a precios bastante más modestos, no teniendo que pagar así la turistada.
Imágenes | Lorena Martínez / Dominiquemel16 Ramos / Magda Ehlers / Travel with Lenses /
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