El pueblo español perfecto para desconectar de todo: un monasterio románico y un lechazo de lujo

Desde hace más de mil años está en un mapa fundamental para entender el Camino de Santiago

Jaime de las Heras

Editor Senior

Hay dos tipos de viajeros. Están los que planifican con meses de antelación, hacen reservas en tres restaurantes por si acaso y llevan la maleta con todo doblado en cuadraditos perfectos. Y luego están los que un viernes por la tarde miran el mapa de España, señalan un punto al azar y dicen: "Ahí". Para ambos perfiles, Castilla y León guarda sitios que lo justifican todo.

La meseta castellana lleva años convirtiéndose, casi sin pretenderlo, en el escenario ideal para ese tipo de huida que los anglosajones han bautizado como "escapada rural" y que en realidad consiste en alejarse del ruido, del móvil y, si hay suerte, de uno mismo. 

Por fortuna o por desgracia, según se mire, buena parte de esta región empieza a parecerse peligrosamente a los paisajes que describía el autor inglés Thomas Hardy en Lejos del mundanal ruido: pueblos donde la calma se apodera de todo, donde el tiempo va más despacio y donde el patrimonio no es un decorado, sino el tejido mismo de la vida cotidiana.

Claustro del monasterio.

Santo Domingo de Silos, en la provincia de Burgos, es uno de esos lugares. Enclavado en la comarca del Arlanza, a poco más de 60 kilómetros de la capital. No es un lugar de paso. Para llegar hasta allí hay que querer ir. Y eso, en el fondo, es parte de su encanto: quien aparece en Silos, llega con intención.

La historia del lugar está ligada a un hombre concreto: Domingo de Silos, un monje riojano que llegó a estas tierras en el siglo XI, hacia el año 1041, y que convirtió un monasterio en ruinas en uno de los grandes centros religiosos y culturales de la Península Ibérica. 

Bajo su dirección, el scriptorium del monasterio se convirtió en un referente de la miniatura medieval, y el claustro románico que hoy visitan miles de personas cada año empezó a tomar forma. Fue canonizado apenas nueve años después de su muerte, en 1076, lo que da una idea de la estela que dejó.

Sepulcro de Santo Domingo de Silos. ©Turismo de Castilla y León.

El momento de máxima relevancia del monasterio coincide con los siglos XI y XII, cuando Silos era un punto neurálgico en el Camino de Santiago. Los peregrinos se desviaban hasta aquí para venerar las reliquias del santo y para maravillarse con un claustro que hoy sigue siendo uno de los más admirables de todo el románico español. Sus columnas pareadas, sus capiteles narrativos y sus relieves en las esquinas, que representan escenas de la vida de Cristo, son una lección de historia del arte al aire libre.

Santo Domingo de Silos. ©Turismo de Castilla y León.

El monasterio sigue habitado. La comunidad benedictina que reside en él mantiene viva una tradición de canto gregoriano que en los años noventa alcanzó popularidad insospechada cuando sus grabaciones se convirtieron en un fenómeno discográfico inesperado. 

Hoy los monjes siguen celebrando sus oficios y es posible asistir a algunos de ellos, lo que convierte la visita en algo más parecido a una experiencia que a un simple tour turístico.

Plaza de Santo Domingo de Silos. ©Turismo de Castilla y León.

Más allá del monasterio, el pueblo conserva la arquitectura palaciega típica del entorno burgalés y un entorno natural de encinas y cortados calcáreos que invita a caminar sin rumbo fijo. Hay un pequeño desfiladero cercano, las hoces del río Mataviejas, que hace las delicias de los aficionados al senderismo con calzado apropiado y pretensiones modestas.

El horno del restaurante Santo Domingo de Silos.

Y luego está la comida. En Castilla, el lechazo al horno no es un plato: es una institución. En Silos y sus alrededores se puede encontrar este cordero lechal asado en horno de leña con esa técnica que requiere paciencia, temperatura justa y, sobre todo, materia prima de calidad

El resultado es una carne tierna que se deshace sola, con una costra dorada que da algo de pena romper. El restaurante Santo Domingo de Silos es uno de los referentes de la zona para sentarse a la mesa sin prisa y dejarse llevar. Otra buena parada es Casa Emeterio, con un ambiente más clásico, pero igualmente un lechazo de categoría.

Imágenes | Turismo de Castilla y León / Spain.info

En DAP | Gastroguía de Pedraza y Sepúlveda: en qué restaurantes probar los mejores asados de cordero y cochinillo

En DAP | No es la Tierra Media, es Burgos: viaje por las bodegas de Arlanza para hartarse a vino y lechazo


Ver todos los comentarios en https://www.directoalpaladar.com

VER Comentarios