Lo curioso es que honra a su pasado judío, no las tradicionales festividades de moros y cristianos, más propias del Levante
Este fin de semana, Ribadavia, un pequeño pueblo de la provincia de Ourense, revive la Edad Media con fervor. Su casco histórico, especialmente la judería, se transforma por completo. Quienes lo visitan parecen cruzar un umbral temporal. El ambiente medieval se respira en cada rincón.
Barrios engalanados, calles empedradas, fachadas restauradas y la ruina evocadora del antiguo castillo dibujan un escenario encantador. Allá donde mires, hay gente vestida con ropa de época. Caballeros y titiriteros recorren las plazas. Incluso recrean una boda sefardí histórica. Todo parece sacado de un pergamino vivo.
Una de las singularidades de esta celebración es que, a diferencia de muchas fiestas medievales de la península donde se representan enfrentamientos entre moros y cristianos, aquí el duelo simbólico se traslada a la tradición hebrea.
En Ribadavia, lo que se revive es el conflicto entre hebreos y filisteos, un guiño directo al importante legado judío del lugar. La villa conserva una de las juderías más destacadas del Medievo gallego, un barrio que sigue siendo centro del recorrido cultural y corazón de esta fiesta.
La celebración se conoce como la Festa da Istoria, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Se celebra el último sábado de agosto. Ha recuperado su pulso desde 1989, después de haber desaparecido en el siglo XVII. Aunque hay referencias de remembranzas históricas desde 1693, fue en 1989 cuando realmente cobró nueva vida.
El corazón de la fiesta late con múltiples actividades. Durante la mañana, un pregonero recita el bando inaugural desde el Ayuntamiento. Esa voz antigua que anuncia el renacer de la historia pone el tono festivo.
Luego, el barrio judío se llena de puestos con artesanos que ofrecen productos tradicionales. También hay mesas dispuestas para comer y probar sabores de antaño, y todo se paga con maravedíes, la moneda medieval que vuelve a circular por un día, canjeable en una oficina habilitada al efecto.
Artistas, juglares y artesanos se mezclan con los vecinos, que colaboran activamente. Todos participan disfrazados. Hay bailes, teatro y narraciones callejeras.
Durante la jornada, además, tienen lugar exhibiciones de justas y torneos. Caballeros con lanzas y escudos compiten por exhibir su destreza. Añaden así un toque vibrante de acción medieval auténtica.
La escenificación logra que los visitantes se sientan parte del pasado. Ribadavia brilla en piedra, en memoria viva. Su judería histórica —una de las más relevantes de la Galicia medieval— ofrece un marco cultural insuperable.
Por eso, hoy, quien acude a Ribadavia puede retroceder al medievo sin salir de Galicia. El fervor de los vecinos, la belleza del escenario histórico, la autenticidad de los trajes, la moneda que clinca en las manos y el sabor de un mercado antiguo crean una experiencia completa. Quienes participan lo saben: no es un simple espectáculo. Se trata de una inmersión colectiva en una época llena de leyendas y símbolos.
Imágenes | Festa da Istoria
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