Arévalo, con rango de villa, es una parada ineludible dentro del buen abulense
Cuando se habla en España de cochinillo asado, la mayoría de las miradas ponen rumbo a Segovia, donde esta capital castellana ha gestado una merecida fama en el noble arte de asar gorrinillos.
Pero no está sola, claro. Hay una localidad abulense que ha hecho lo propio, al punto de ser capaz de discutir la sabrosa dictadura segoviana. Hablamos, ni más ni menos, que de Arévalo, en el norte de la provincia de Ávila y el segundo municipio más poblado a nivel provincial.
Capital de la comarca de La Moraña, un territorio famoso por sus legumbres, Arévalo no solo ejerce magisterio de cuchara, sino también de hornos de leña y, al mismo tiempo, es un destino privilegiado para descubrir arte mudéjar en Castilla y León y sorprenderse con un castillo verdaderamente único.
No solo por ser medieval, pues no sería una novedad en nuestro país, sino por su tenedor: el Ministerio de Agricultura. El castillo de los Zúñiga, el otro nombre que recibe el castillo de Arévalo, erigido a mediados del siglo XV y que pasó a lo largo de la historia por todo tipo de manos: desde nobles castellanos y monarcas como Pedro I hasta los Reyes Católicos… Hasta acabar en propiedad del citado ministerio.
La razón fue evidente. Para evitar su deterioro, el ayuntamiento de la localidad lo cedió al Servicio Nacional del Trigo (SNT) del Ministerio de Agricultura en la década de 1950 con una condición: que se convirtiera en silo de cereal, uso que ha mantenido hasta hace unas décadas, siendo actualmente un centro de reuniones que incluye un Museo del Cereal.
Pero a Arévalo no se va solo a ver el castillo. Con el rango de villa, la localidad cuenta con el sello de Conjunto Histórico Artístico, en el que destacan elementos como la Iglesia de Santo Domingo de Silos o la Iglesia de San Martín, que presume de sus dos torres gemelas mudéjares, que son el testimonio claro de la presencia de musulmanes en la localidad.
A partir de ahí, plazas y más plazas como la porticada Plaza de la Villa y su colección de soportales, la Plaza del Real –que no plaza real– o la Plaza del Arrabal, cerca del denominado Arco del Alcocer, que es la única puerta de la muralla medieval que se conserva en pie.
Y tras tanto caminar, hora de yantar. Déjate caer por el asador Las Cubas, referencia infalible e ineludible para comer cochinillo asado y también se sacar a pasear la cuchara, donde bordan las judías blancas –de La Moraña, claro–.
Imágenes | Turismo de Castilla y León
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