El pueblo de playas blancas, paseo marítimo kilométrico y paraíso de las nécoras que espera a orillas del Cantábrico

Noja Cantabria

Noja es una de esas localidades ineludibles para hablar de descanso y buena mesa en Cantabria

Jaime de las Heras

Editor Senior

Allí donde el mar se rompe, desgastando olas entre rocas, es donde la bravura del agua salina llena de vida un territorio que se convierte en el lugar predilecto para que el marisco no solo crezca, sino que sea de una calidad superlativa.

Y de rocas y de mares bravos saben mucho en el Cantábrico, donde el marisco es, de punta a punta, una religión gastronómica que tiene algunos lugares en los que se siente especial devoción por ellos.

Noja, en Cantabria, es una de esas localidades que ha convertido a sus crustáceos en uno de sus mejores embajadores, concretamente a la nécora, la gran protagonista de la mesa nojeña.

Pero a Noja no solo se viene a comer nécoras –que no es una mala opción–. Marinera donde las haya, Noja se ha convertido en un refugio turístico de primer orden en la costa cántabra, abriéndose sobre el mar con sus playas. Marcadas por una sucesión de arenales, Noja erige su historia entre la ría de Quejo y la punta del Brusco, protegiéndose del mar en esta suerte de bahía.

Allí esperan, entre arena blanca, sus dos grandes embajadoras náuticas: la playa de Tregandín y la playa de Ris, sumando juntas más de seis kilómetros y convirtiéndose en la gran panorámica de Noja cuando se la ve desde el mar. A su vera, evidentemente, el paseo marítimo se extiende en paralelo durante casi cinco kilómetros, uniendo ambas playas en el conocido como Paseo de la Costa y las Casonas.

Dos conceptos indisolubles al alma nojeña. El de costa es evidente y, cuando hablamos de villas cántabras, casi también. Como sucede en otras localidades del norte de España, las construcciones más ilustres se erigieron frente al mar, siendo los hogares de las familias más pudientes de la zona, de ahí esas casonas.

Algo más adentro, Noja aún respira ese aire costumbrista, sorprendiendo con el encanto de la plaza de la Villa, epicentro nojeño, donde se suceden bares, restaurantes y, en general, todo el bullicio de la localidad. 

Mariscada en Las Olas.

Sin embargo, si queremos más ambiente marinero y, sobre todo, nécoras, las mejores paradas están cerca de la playa. No muy lejos del centro, el Asador el Águila es ideal para no tener que desplazarse demasiado y darse un homenaje con pescado a la parrilla, desde el más humilde –como las sardinas, que bordan– hasta piezas más nobles como el machote, nombre que se suele dar en esta parte de Cantabria al pargo.

Salón del restaurante Las Olas.

Algo más alejado, el Restaurante Las Olas es otro alto en el camino indispensable si queremos catar pescado del día y buen marisco, en especial sus afamadas nécoras. Todo con una impresionantes vistas a la playa del Trengandín. Buenas mariscadas también esperan en Mijedo, otro de esos restaurantes infalibles cuando se habla de productos del mar, con un precio muy ajustado para la calidad que sirve.

Nécoras y gambas impresionantes también aguardan en el restaurante Las Gaviotas, otro de esos lugares míticos donde lo primero es la calidad del producto, santo y seña de la costumbre culinaria nojeña.

Imágenes | Turismo de Noja

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