El restaurante de Traspinedo (Valladolid) convertido en lugar de peregrinación por sus pinchos XXL de lechazo al sarmiento

El Mesón Asador Carlos lleva ya más de 50 años especializado en cocinar este producto que ha puesto Traspinedo en el mapa gastronómico nacional

Liliana Fuchs

Editor

Hay muchos lugares en Castilla y León donde comer un buen lechazo. Pero en Traspinedo, a pocos kilómetros de Valladolid, se va a disfrutarlo bajo un formato muy particular: ensartado en larguísimos pinchos que se cocinan sobre brasas. En el Mesón Asador Carlos llevan más de 50 años preparando esta especialidad de la zona, convirtiendo su cocina en un lugar de peregrinación para los amantes del cordero.

Los orígenes del restaurante familiar se remontan ya a medio siglo atrás, cuando fue el patriarca de la familia, Carlos Puertas, quien inició el negocio. Cuarenta años después, reabierto en 2014 con unas nuevas instalaciones en la misma localidad, el restaurante continúa su andadura ahora de la mano de las nuevas generaciones, gestionado por sus hijos María, Alberto y Eduardo. Sangre nueva que ha sabido modernizar un poco también la carta incorporando novedades adaptadas a los nuevos tiempos, pero que no renuncian a las recetas más tradicionales heredadas y que siguen atrayendo a una legión de seguidores.

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Tanto es así, que el restaurante acaba de recibir el premio a Mejor restaurante tradicional concedido por la Academia Castellana y Leonesa de Gastronomía, dentro de los XI Premios Castilla y León de Gastronomía, que se entregarán en una gala el próximo 16 de febrero en Palencia. Un galardón que reconoce la ya larga trayectoria del asador representando la continuidad de una tradición que es un icono de Traspinedo y de su región, el pincho de lechazo.

La importancia que tiene esta peculiar forma de cocinar la carne de cordero llevó a varios hosteleros a fundar la Asociación de asadores del pincho de lechazo a la brasa de Traspinedo, fomentando así el conocimiento y la divulgación de esta especialidad local.

En el Mesón Asador Carlos siguen su propio ritual. Utilizan carne de cordero lechal de raza churra de proveedores cercanos, lechales con 30 días de vida que se sacrifican con unos 12 kilos de peso. A la cocina llegan los animales limpios enteros, con unos 6-7 kilos de peso, que descuartizan y trocean en el propio local. Cada cordero rinde para unos 10 pinchos, usando todas las partes aprovechables del mismo. Pinchos metálicos de acero inoxidable que asan durante unos 20 minutos sobre las brasas de escoldos de sarmientos procedentes de vides de Vega Sicilia, salados en el último momento.

@mesonasadorcarlos

El resultado son grandes pinchos que en crudo pueden cargar con hasta 650 g de peso que, incluso tras la lógica merma del cocinado, plantean un buen reto incluso para estómagos entrenados. Piezas de carne del mismo tamaño, alternando partes magras y con hueso, que se extraen del estoque directamente en la mesa, y que se recomiendan compartir.

Porque el menú del Asador Carlos cuenta con otras especialidades a las que también merece hacer hueco para probar; en invierno triunfan sus recetas de toda la vida de sopas de ajo, mollejas guisadas o fritas, callos de ternera, manillas o manitas de lechazo en salsa, sin olvidar los entrantes y los postres, entre los que tiene fama la tarta de piñones casera.

Imágenes | Mesón Asador Carlos

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