Río Azul reabre su taproom en Sevilla: así es la fábrica de cerveza independiente que exporta a media Europa y apenas se conoce en su ciudad

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Ocho grifos de elaboración propia, una carta corta de tapas frías y casi una década de historia en las naves de Hytasa

Jesús León

Editor

Una lager recién tirada desde el depósito llena el vaso helado con mucha espuma. Va bajando poco a poco, liberando aroma, y el primer sorbo sorprende por su frescura y sabor. Es ligera, suave, entra muy bien. Y lo más llamativo: apenas lleva gas. 

Estamos en Río Azul, una fábrica de cerveza independiente situada en el polígono de Hytasa, en el barrio sevillano del Cerro del Águila. Lo interesante es encontrar una fábrica dentro del casco urbano, algo poco habitual en una cervecera. Y tiene la ventaja de que permite probar las cervezas a pocos metros de donde se elaboran. Y eso se nota en la frescura. Su cofundador, Eloy del Río, nos aclara mientras nos sirve la lager: explica que, con menos carbónico, la cerveza llena menos y se aprecia mejor el sabor.

Y, a pesar de su ubicación, sigue siendo un lugar poco conocido entre los sevillanos. "A veces resulta curioso que sea más fácil encontrar Río Azul fuera que en nuestra propia ciudad. Recuperar el taproom también tiene que ver con eso: queremos volver a acercar Río Azul a Sevilla", explica Eloy.

Tras casi diez años de andadura, acaban de reabrir su taproom. Ocho grifos de elaboración propia, que van rotando según el mes y la temporada. Y una carta corta de tapas frías (chicharrón de Cádiz, gildas, conservas, ibéricos…), con terraza, fácil aparcamiento y arte urbano en la nave. 

Experiencia, conocimiento y una cerveza muy apreciada en media Europa

Eloy es sevillano, fue profesor universitario en Barcelona hasta que en 2010 volvió a Sevilla por motivos familiares y se recicló. En 2011 montó Los Palillos y en 2013 Maquila, según recuerda, el primer local de Sevilla con fábrica de cerveza artesanal y una propuesta gastronómica destacada. Después, con una beca Erasmus se fue a trabajar a una fábrica de cerveza en Italia, de donde dice que le llegó "toda la formación y la inspiración cervecera": cervezas suaves, bebibles, pensadas para un público que se inicia.

En 2016 constituyeron Río Azul (empresa familiar y el resto de socios son amigos) y empezaron a montar la fábrica, pero hasta 2017 no empezaron a distribuir sus cervezas desde la nave de la calle Lana. Eloy es además juez internacional de cerveza (BJCP).

Curiosamente, al principio, el barrio del Cerro del Águila se volcó con el bar y, gracias a su buen hacer, llegaron incluso a tener un solete de la Guía Repsol. Pero, cuando la propuesta gastronómica pasó a segundo plano, la perdieron. Eloy lo cuenta abiertamente: "le dimos prioridad a la viabilidad del negocio". 

También aclara un detalle relevante. Eloy explica por qué rehúye la palabra "artesanal": "Yo no llamaría fábrica de cerveza artesanal, sino fábrica de cerveza independiente. Nosotros hacemos cerveza a nivel profesional y técnico, exactamente igual que una gran planta cervecera, pero a menor escala".

Una lager directa del depósito: frescura y mucho aroma

Entre los ingredientes esenciales destaca el agua: la de Sevilla, blanda, es excelente para elaborar cerveza. Y trabajan diferentes variedades de cerveza. En la actualidad, según cuenta Eloy, exportan a más de ocho países (Suecia, Noruega, Finlandia, Países Bajos…) y elabora cervezas personalizadas para locales de Madrid, Barcelona y Sevilla (grupo El Pasaje, Casa del Tigre, Cervecería Europa, Bar El Puma).

Casi todo lo que fabrican está vendido antes de sacarlo. Tras asentar el negocio, ahora es el turno de volver al contacto directo con la ciudad. De ahí surge la reapertura de su taproom: catas, visitas guiadas y eventos privados.

Cervezas curiosas, cervezas sorprendentes

En un territorio donde la cerveza Cruzcampo es la reina absoluta y goza de auténtica veneración entre los sevillanos, lanzarse a probar las elaboraciones de Río Azul puede sorprender. Y para bien, hemos de decir. Porque visitar esta fábrica ayuda a descubrir que la cerveza puede ser mucho más que la caña o la cortada de siempre. Eso sí, hay que estar dispuesto a dejarse llevar por propuestas atrevidas (y con precios nada disparatados, a partir de 2,5-3 euros).

Así, nos encontramos con Birramisú, una imperial pastry stout con cacao y amaretto, con notas de café. Una cerveza negra muy aromática que se marida con una tarta helada (estilo “Comtessa”). Eloy invita a mojar la tarta en la cerveza. Es raro, sí. Pero funciona.

Fruit of the Loom, una smoothie sour de frutos rojos: casi sin espuma y textura de batido

También se pueden probar otras cervezas llamativas, como Fruit of the Loom, una smoothie sour de frutos rojos acompañada de una gilda.

Y si queremos algo más convencional pero no menos aromática, está la Hyperliquid, una West Coast IPA que, servida aquí, a pocos metros de donde se elabora, permite apreciar toda su potencia en nariz.

Eloy confiesa: "Nadie es profeta en su tierra. A mí me gustaría ser profeta en mi tierra". Y por eso afirma que no hace cerveza para frikis, sino para sevillanos. Y añadiríamos nosotros: también para quien quiera encontrar sabores y aromas de cervezas independientes, recién hechas y servidas directamente del grifo, sin tener que ir muy lejos o recurrir a las latas.

Fotos | Jesús León / NextGastro

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