Con una bolsa rota de Mercadona puedes hacer este práctico organizador para el maletero de tu coche

De la bolsa rota al orden perfecto: el truco casero que revoluciona el caos en tu vehículo con muy poco esfuerzo

Joana Costa

Editor

En tiempos donde la sostenibilidad y la practicidad marcan tendencia, cada vez son más las ideas que buscan dar una segunda vida a objetos cotidianos. Y entre ellas, una propuesta casera está llamando la atención: transformar esas bolsas reutilizables del supermercado que suelen romperse antes de lo esperado en un práctico organizador para el maletero del coche.

Lejos de ser un simple pasatiempo de bricolaje, este proyecto combina ahorro, creatividad y un enfoque ecológico. Al fin y al cabo, quién no tiene en casa un par de bolsas de rafia desgastadas de Mercadona, Carrefour o Lidl, que ya no cumplen bien su función. En lugar de desecharlas, se convierten en la materia prima para un accesorio útil que facilita la vida diaria.

El proceso es sencillo y accesible para cualquiera, sin necesidad de conocimientos de costura avanzados ni herramientas especializadas. Basta con unas tijeras, adhesivo fuerte —como silicona caliente— y un poco de paciencia para dar forma a compartimentos resistentes donde guardar desde botellas de agua y trapos de limpieza, hasta linternas o botiquines de emergencia.

Aprovechar partes intactas

La idea es, según muestra la creadora de contenido @brendgz, aprovechar las partes intactas de las bolsas —normalmente los paneles centrales— y ensamblarlas de manera que se adapten al tamaño del maletero. El resultado es una especie de módulo organizado, con bolsillos a medida, que evita el caos habitual de objetos sueltos rodando en cada curva.

Primero, selecciona las bolsas a reutilizar. Elige una o varias bolsas rotas, procurando que tengan al menos una parte central en buen estado. Límpialas si es necesario. Después, recorta con unas tijeras los laterales, la base y las zonas rotas. Quédate con las partes centrales que estén íntegras, ya que serán la estructura principal de tu organizador.

Piensa ahora en qué objetos necesitas guardar en el maletero: una linterna, herramientas básicas, el kit de emergencia, productos de limpieza, e incluso las propias bolsas reutilizables. Según eso, decide el tamaño y la cantidad de compartimentos que vas a crear.

Por último, utiliza los retales de las bolsas para formar bolsillos de distintos tamaños. Puedes unirlos a la base principal con silicona caliente, que se adhiere muy bien al material plástico y ofrece buena resistencia. También puedes usar grapas o cinta americana para reforzar si lo deseas.

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Economía circular

Más allá de la practicidad, este invento tiene un valor añadido: es el clásico ejemplo de consumo responsable. Cada vez que reutilizamos materiales que iban a terminar en la basura, reducimos residuos y prolongamos el ciclo de vida de los productos. 

Además, se trata de un proyecto personalizable. Quien lo pone en práctica puede decidir si prefiere un organizador ligero y plegable, que se guarde cuando no se necesite, o una estructura más robusta y permanente. Incluso se puede decorar con tela, pintura acrílica o etiquetas, aportando un toque de estilo al interior del vehículo.

El fenómeno de este tipo de manualidades conecta también con una corriente más amplia: la de redescubrir el valor de lo hecho a mano. En un mundo dominado por soluciones rápidas y de usar y tirar, iniciativas como esta nos recuerdan que invertir un poco de tiempo en crear algo con nuestras manos puede resultar más satisfactorio que comprar la enésima caja de plástico prefabricada.

No es casualidad que estos trucos se viralicen en redes sociales y blogs de lifestyle: ofrecen soluciones ingeniosas para problemas comunes, mientras promueven hábitos más conscientes. Lo que empieza como un experimento con una bolsa rota puede convertirse en un estilo de vida basado en la reutilización creativa.

En tiempos donde todo parece efímero, dar una segunda vida a una simple bolsa de supermercado se convierte en un pequeño acto de resistencia, creatividad y estilo. Una lección de orden y sostenibilidad que cabe, literalmente, en el maletero.

Foto | @brendgz

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