Esta es la temperatura exacta a la que debes poner el aire acondicionado para no enfermar ni arruinarte

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Ni 18 ni 20 grados: los expertos recomiendan un ajuste que reduce el consumo eléctrico, mejora el confort y ayuda a evitar los resfriados del verano

Joana Costa

Editor

Con el calor del verano, muchas personas llegan a casa y ajustan el aire acondicionado a 18 o 20 ºC pensando que así la vivienda se enfriará antes. Sin embargo, este gesto no acelera el proceso de refrigeración y sí puede tener consecuencias tanto para la salud como para el consumo eléctrico.

La temperatura elegida influye directamente en la factura de la luz, pero también en el confort y en problemas habituales del verano como el dolor de garganta, la sequedad ambiental o las contracturas musculares. Encontrar el equilibrio es mucho más sencillo de lo que parece, y no hace falta congelarse por el camino.

La temperatura recomendada por los expertos

Tanto el Ministerio de Sanidad como el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) sitúan la temperatura de confort en verano entre los 24 y los 26 ºC. Ese rango permite mantener una sensación agradable sin obligar al equipo a realizar un esfuerzo innecesario.

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Máximo 10 grados de diferencia con el exterior

Además, un ajuste moderado evita contrastes bruscos entre el exterior y el interior de la vivienda. De hecho, la recomendación más extendida pasa por que la diferencia de temperatura no supere, siempre que sea posible, los 10 o 12 grados respecto al ambiente exterior.

Durante la noche la recomendación cambia ligeramente. Como la temperatura corporal desciende de forma natural mientras dormimos, lo más aconsejable es configurar el aparato entre 25 y 27 ºC, suficiente para descansar sin pasar calor y evitando un exceso de frío durante varias horas seguidas.

Por qué bajar demasiado la temperatura puede afectar a la salud

El problema no es únicamente el frío. El aire acondicionado también reduce la humedad del ambiente, y cuando funciona a temperaturas muy bajas durante largos periodos puede resecar las mucosas respiratorias.

Como consecuencia, es más frecuente despertarse con irritación de garganta, congestión nasal o molestias en la voz. A ello se suman otros problemas habituales como la sequedad ocular, especialmente entre quienes utilizan lentes de contacto, o los dolores de cabeza asociados a cambios bruscos de temperatura.

Otro error frecuente consiste en dirigir el chorro de aire directamente hacia el sofá, la cama o el escritorio. Permanecer durante horas bajo una corriente fría favorece la aparición de contracturas musculares, molestias cervicales y tortícolis.

Cada grado de menos aumenta el consumo

Además de cuidar la salud, mantener el termostato dentro del rango recomendado también reduce el gasto energético. Aproximadamente, cada grado que se reduce la temperatura de consigna incrementa el consumo eléctrico entre un 6% y un 8%, por lo que es importante tener en cuenta las recomendaciones generales para un consumo eficiente.

Esto significa que programar el aparato a 20ºC en lugar de 25ºC puede suponer un importante aumento del coste mensual, especialmente durante periodos de uso continuado.

La creencia de que ajustar el aire acondicionado al mínimo hará que la vivienda se enfríe antes también es falsa. El equipo funciona prácticamente a la misma potencia hasta alcanzar la temperatura programada, por lo que bajar varios grados el termostato solo hará que permanezca más tiempo encendido.

Otros hábitos que ayudan a ahorrar

Elegir la temperatura adecuada es solo una parte del ahorro. Mantener los filtros limpios permite que el aire circule correctamente y evita que el aparato tenga que trabajar más de la cuenta. Una limpieza periódica mejora el rendimiento y ayuda a contener el consumo durante todo el verano.

También conviene cerrar puertas y ventanas mientras el aire acondicionado está funcionando, bajar persianas en las horas de mayor insolación y evitar la entrada directa del sol.

En contra de lo que muchas personas creen, apagar y volver a encender continuamente el aire acondicionado tampoco reduce necesariamente el consumo. Si la ausencia va a ser corta, mantener una temperatura estable suele resultar más eficiente que obligar al aparato a enfriar de nuevo toda la estancia desde cero. Con pequeños ajustes como estos es posible mantener la casa fresca durante el verano sin disparar la factura de la luz y sin renunciar al confort.

Fotos | ChatGPT y en Pexels Max Vacktovych

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