La organización alerta de un sobrecoste de hasta el 24% mientras las aves siguen confinadas por la gripe aviar
Durante meses, comprar huevos camperos ha sido, para muchos consumidores, una pequeña concesión en el carrito de la compra. Un gesto casi automático que mezcla hábitos saludables, cierta conciencia animal y la sensación de estar pagando por algo mejor. Pero ese relato empieza a resquebrajarse cuando la realidad se impone, y lo hace con números.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha puesto el foco en una situación que, según denuncia, lleva ya cuatro meses produciéndose: los huevos etiquetados como camperos siguen vendiéndose con un sobreprecio de hasta el 24%, pese a que las gallinas no están siendo criadas al aire libre. El motivo no es otro que las restricciones sanitarias derivadas de la gripe aviar.
Las aves, encerradas
Desde noviembre, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ordenó el confinamiento obligatorio de las aves de corral para evitar contagios. Esto implica que incluso las gallinas destinadas a producción campera permanecen en interiores, eliminando de facto el principal valor añadido de este tipo de huevos: el acceso al exterior.
Sin embargo, ese cambio no se refleja en el etiquetado. Según ha comprobado la OCU tras analizar varias marcas en supermercados, los envases siguen presentando estos productos como camperos o ecológicos, sin advertir al consumidor de que las condiciones de cría han cambiado de forma sustancial.
La consecuencia es directa: se sigue pagando más por algo que ya no es lo que parece (ni lo que se publicita en la etiqueta). Actualmente, una docena de huevos de categoría M de suelo ronda los 3,03 euros, mientras que los camperos alcanzan de media los 3,77 euros. Es decir, un sobrecoste de entre el 17% y el 24% que, según la organización, carece de justificación en el contexto actual.
La ley lo permite
El marco legal, eso sí, permite esta situación. Diferentes reglamentos europeos contemplan excepciones en casos sanitarios, autorizando mantener el etiquetado original sin necesidad de informar explícitamente al consumidor. Es una norma pensada para dar margen al sector, pero que abre un debate incómodo sobre transparencia.
La OCU considera que esta práctica vulnera el derecho a una información veraz y puede afectar a la libre competencia. Además, cuestiona el argumento de que modificar el etiquetado supone un coste elevado, recordando que el código que se imprime en los huevos se genera de forma automatizada y podría actualizarse sin grandes complicaciones.
El problema, en el fondo, no es solo económico. También tiene que ver con la confianza. Cuando el consumidor paga más, lo hace esperando una diferencia real en el producto. Si esa diferencia desaparece pero el precio se mantiene, el equilibrio se rompe y la sensación de agravio es difícil de evitar.
Por ahora, y pese a las reclamaciones trasladadas a las autoridades, no hay una fecha clara para el fin del confinamiento de las aves ni medidas concretas que obliguen a informar de esta situación en el punto de venta. Mientras tanto, el mercado sigue funcionando como si nada hubiera ocurrido, aunque en realidad lo haya hecho todo.
Fotos | R.Tinoco/Pexels y Foto de cottonbro studio/Pexels
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