Este agricultor dejó de cultivar trigo en su granja de 152 hectáreas en 1988: 38 años después se ha reconvertido en un refugio de animales al norte de Londres

Strawberry Hill

De gesto ecológico a una de las grandes iniciativas solidarias a 90 kilómetros de la capital

Jaime de las Heras

Editor Senior

En 1988, Hugh White tomó una decisión que acabaría transformando por completo el paisaje de su explotación agrícola. Este agricultor británico dejó de sembrar trigo de manera intensiva en Strawberry Hill, una finca de 152 hectáreas situada en Bedfordshire, Inglaterra. Lo que entonces respondía a las circunstancias de la política agraria terminó convirtiéndose, casi cuatro décadas más tarde, en un inesperado proyecto de recuperación de la naturaleza.

Sin tractores removiendo continuamente el suelo ni nuevas cosechas ocupando los campos, la vegetación comenzó a recuperar poco a poco el espacio. Primero aparecieron hierbas y plantas silvestres. Después llegaron los matorrales y, con los años, comenzaron a crecer árboles jóvenes. El que durante años había sido un paisaje agrícola fue adquiriendo así el aspecto de un mosaico de praderas, arbustos y pequeñas masas forestales.

Ese cambio en la vegetación tuvo una consecuencia directa sobre la fauna. Los nuevos ambientes proporcionaron alimento, lugares de reproducción y refugio a insectos, aves y pequeños mamíferos. Con el paso de las décadas, Strawberry Hill se convirtió en un enclave especialmente valioso para la biodiversidad de Bedfordshire.

El regreso del ruiseñor

Estado de la finca en el año 2024, completamente renaturalizada.

Uno de sus habitantes más representativos es el ruiseñor. Los estudios realizados en la finca estiman que alrededor de la mitad de los ejemplares que se reproducen en todo Bedfordshire se encuentran en las antiguas tierras de White. Junto a ellos se han identificado tórtolas, currucas y otras aves, además de numerosos insectos y pequeños mamíferos.

La transformación no se limita a las aves. En Strawberry Hill también se han localizado hasta 11 especies distintas de murciélagos y numerosas flores silvestres, una diversidad que refleja hasta qué punto ha cambiado el terreno desde que dejó de dedicarse sistemáticamente al cultivo de trigo.

Una lechuza común volando en Strawberry Hill.

Tras la muerte de Hugh White y de su esposa, sus hijos decidieron preservar ese legado. En lugar de devolver la finca a la explotación agrícola intensiva, optaron por mantenerla en su estado natural y garantizar que los ecosistemas surgidos durante décadas no desaparecieran.

La continuidad de esa protección acabó implicando al Wildlife Trust for Bedfordshire, Cambridgeshire and Northamptonshire. La organización asumió la gestión de Strawberry Hill y puso en marcha una campaña para reunir los fondos necesarios para asegurar definitivamente los terrenos que todavía no estaban protegidos.

Un carbonero común en la zona.

El objetivo ascendía a 1,5 millones de libras. Más de 3.800 personas participaron en la campaña y aportaron conjuntamente unas 500.000 libras. El resto del dinero procedió de fondos, distintas organizaciones y una donación privada que resultó decisiva para completar la operación.

Finalmente, la entidad pudo adquirir Strawberry Hill y garantizar su futuro como espacio natural protegido. El terreno que durante años produjo trigo queda así preservado como refugio para numerosas especies.

La evolución de la finca muestra además cómo puede funcionar la regeneración natural cuando disminuye la presión agrícola. Al desaparecer el laboreo constante, las primeras plantas colonizaron el suelo y prepararon el terreno para especies vegetales de mayor tamaño. La aparición posterior de arbustos y árboles multiplicó la variedad de hábitats disponibles.

Con ellos llegaron nuevas fuentes de alimento, escondites y zonas de reproducción. Insectos, aves y mamíferos fueron encontrando progresivamente condiciones adecuadas para regresar. Treinta y ocho años después de aquella decisión de dejar de sembrar trigo, Strawberry Hill ha pasado de ser una explotación agrícola a convertirse en uno de los espacios de mayor interés para la biodiversidad local.

Imágenes | Nikolett Emmert / Wildlife Trust for Bedfordshire 

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