Tras 14 días de campaña, el famoso 'campanu' aún no ha aparecido, al tiempo que las voces conservacionistas empiezan a elevarse
Nos podemos poner, en cierto modo, como Jorge Manrique ante las famosas Coplas por la muerte de su padre. Y no faltan los símiles. Si en aquellos versos “nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar”, en Asturias el salmón propone una lectura casi inversa de la existencia. Su vida no baja hacia el mar como destino último. Regresa desde él. Remonta las aguas dulces para volver al origen, para completar el ciclo, para insistir en esa forma antigua de supervivencia que cada primavera esperan los pescadores asturianos.
También cabe recuperar otro tópico manriqueño, el del ubi sunt, ese “¿dónde están?” aplicado a los que fueron y ya no parecen estar. ¿Dónde están ahora los salmones asturianos? ¿Dónde se esconde ese primer ejemplar de la temporada que tradicionalmente hace sonar las campanas simbólicas de la pesca fluvial en el Principado? Dos semanas después de abrirse la campaña, el campanu continúa sin aparecer. Y la espera empieza a tener algo de inquietud.
Desde el 18 de abril, miles de aficionados recorren los cauces autorizados con la esperanza de ser los primeros en echar a tierra el salmón inaugural. La expectación no es menor. El campanu no es un pez cualquiera, sino una pieza con carga cultural, deportiva y económica. Cada temporada concentra miradas, subastas, conversaciones de ribera y una liturgia muy asturiana en torno a los ríos.
Capturas decrecientes con el paso de los años
Este año, sin embargo, el silencio pesa más que el rumor del agua. Asturias ha autorizado una campaña mucho más restringida, con un máximo de 154 salmones capturables y un límite de un ejemplar por pescador. Además, solo el primer salmón de cada río puede comercializarse en subasta pública. Esa singularidad explica el interés que despierta el campanu, capaz de alcanzar precios elevados y de convertirse durante unos días en noticia más allá del mundo pesquero.
La comparación con años anteriores alimenta la preocupación. En 2025, el primer salmón ya fue considerado el más tardío de la historia al salir cuatro días después del inicio de la temporada. Ahora esa marca ha quedado ampliamente superada mientras cunde el desánimo entre los aficionados.
Entonces, Javier Bueno capturó en el Narcea, en una zona libre de Puente Quinzanas, un ejemplar de siete kilos y 83 centímetros que acabó vendido por 10.100 euros. En 2024 se había llegado incluso a los 19.300 euros. Esta vez, de momento, no hay pieza, ni subasta, ni foto triunfal.
Detrás de la espera aparece un debate mucho más profundo. El descenso del salmón atlántico en España ya no puede despacharse como una mala racha. En Asturias, las cifras actuales quedan muy lejos de las que se manejaban en la segunda mitad del siglo pasado, cuando se contabilizaban miles de ejemplares. En 2001 aún se rondaban los 2.800 salmones. El año pasado apenas se precintaron 130, mínimo histórico que sirve de aviso.
Sobre la mesa una decisión: el peligro de extinción
Por eso, algunas asociaciones ecologistas reclaman una protección mucho más estricta. Saxífraga ha pedido al Ministerio para la Transición Ecológica que el salmón atlántico sea incluido en el Catálogo Español de Especies Amenazadas como especie en peligro de extinción. El Gobierno, por su parte, ha solicitado un informe al Comité Científico que asesora al Comité de Flora y Fauna para valorar el estado real de conservación de la especie y decidir si procede esa catalogación.
La medida podría tener consecuencias directas sobre la pesca. De hecho, en Galicia y Navarra ya está vetada, y en buena parte del País Vasco ocurre algo similar en la práctica. Asturias y Cantabria mantienen la actividad, aunque con limitaciones crecientes. Para los defensores de una protección reforzada, la situación exige actuar antes de que el salmón se convierta en una presencia casi testimonial. Ante ello, los pescadores se plantan ante una hipotética veda que el ministerio plantease.
Desde la oposición, sin embargo, se plantea otra lectura. El diputado popular Luis Venta sostiene que no se ha analizado con rigor el motivo del descenso y apunta a un cambio en los ciclos migratorios. Su argumento mira hacia el norte de Europa, pero también al estado de los ríos y a los depredadores del salmón.
En países como Noruega, la remontada de los salmones se está produciendo más tarde, incluso ya entrada la primavera avanzada o el inicio del verano. Si allí los ejemplares suben los ríos en junio, se pregunta, ¿cómo se puede esperar que en Asturias lo hagan con normalidad en abril o mayo?
Según esa visión, el problema no se resolvería prohibiendo más, sino retrasando el calendario, controlando depredadores como el cormorán y gestionando mejor los vertidos. Mientras tanto, el campanu sigue sin dar señales. Y en los ríos asturianos resuena, con acento manriqueño, la misma pregunta: ¿dónde están los salmones de antaño?
Imágenes | Feria del Salmón - Capenastur
En DAP | Recetas de salmón
Ver todos los comentarios en https://www.directoalpaladar.com
VER Comentarios