Con las lluvias suaves y la subida de las temperaturas, abril y mayo marcan el regreso de algunas de las especies más apreciadas fuera del otoño
Aunque el otoño suele llevarse toda la fama, la primavera tiene su propia temporada micológica y, para muchos aficionados, es una de las más especiales. Los bosques y montes cambian de ritmo: la tierra conserva la humedad de las últimas lluvias, suben ligeramente las temperaturas y comienzan a aparecer especies muy concretas que solo salen en estas semanas.
La clave está en el equilibrio entre agua y temperatura. Tras varios días de lluvia fina y con máximas suaves, muchas zonas de prados, pinares y bosques de ribera comienzan a dar las primeras fructificaciones.
Según guías micológicas y programas oficiales como Micocyl, la temporada primaveral suele concentrarse entre marzo y junio, con su pico estas semanas de abril y mayo.
Cinco variedades
Una de las primeras en aparecer es el marzuelo (Hygrophorus marzuolus), también conocido como seta de marzo. Suele salir en zonas frescas de montaña, entre pinares y suelos aún fríos, especialmente en el norte y en sistemas montañosos como Guadarrama o el Pirineo.
La gran estrella de la primavera es el perretxico o seta de San Jorge (Calocybe gambosa). Muy apreciada en País Vasco, Navarra, La Rioja y Cataluña (donde se conoce como moixernó) aparece sobre todo en praderas, pastos y claros de montaña, formando a menudo los clásicos corros en círculo.
Otra especie muy buscada son las colmenillas (Morchella), fácilmente reconocibles por su sombrero alveolado que recuerda a un panal de abeja. Suelen salir en claros de bosque, márgenes húmedos y terrenos removidos. Eso sí, es importante recordar que no deben consumirse crudas y requieren siempre cocción previa.
En prados y senderos herbosos también es habitual encontrar la senderuela (Marasmius oreades), una seta pequeña y muy aromática que suele crecer en corros y aparece especialmente tras lluvias templadas.
Junto a ellas, la primavera también trae las primeras setas de chopo, que salen en tocones y troncos de álamos y chopos, especialmente en zonas de ribera y sotos fluviales, así como algunos rebozuelos tempranos en bosques húmedos.
Lugares cambiantes
El lugar en el que aparecen cambia mucho según el tipo de entorno. En las praderas y pastizales suelen verse con más facilidad los perretxikos y las senderuelas; en pinares y zonas de montaña fresca es más habitual encontrar marzuelos.
Por su parte, las colmenillas prefieren bosques húmedos, claros y terrenos removidos, mientras que la seta de chopo aparece sobre todo en riberas, sotos y choperas. Más allá de la especie, la mejor señal sigue siendo la misma: suelo con humedad reciente, algo de sombra y varios días de temperaturas suaves, sin calor intenso.
Más que una temporada menor, la primavera ofrece una micología distinta, menos abundante que la otoñal, pero mucho más ligada al paseo pausado por el campo cuando todo vuelve a brotar.
Fotos | Foto de Lora Rikky y Foto de Helena Jankovičová Kováčová.
En DAP | Risotto blanco
En DAP | Linguini con setas shiitake y salsa de nueces
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