Poco tiene que ver con el amor y sí mucho con la fe: por qué al maracuyá también se le llama fruta de la pasión

Flor Passiflora

Los misioneros jesuitas creyeron ver una serie de coincidencias entre la flor y la Pasión de Cristo

Jaime de las Heras

Editor Senior

Maracuyá para muchos; parchita para otros y, en general, fruta de la pasión, son términos que definen a la especie Passiflora edulis flavicarpa, un fruto tropical de sabor ácido y de curioso aspecto interior, con muchas semillas, que cada día es más popular en nuestra cocina.

Sin embargo, puede que no sepas el porqué del nombre de la fruta de la pasión y, curiosamente, no tiene nada que ver con amarse, sino con un componente religioso por obra y gracia de los misioneros jesuitas que, tras descubrirla en América, advertirían de ciertas semejanzas que luego un religioso italiano plasmó.

De ahí, de hecho, el nombre científico –Passiflora– ya deja ver ese componente religioso y es que la fruta se llama así por su similitud con la Pasión de Cristo, convirtiéndose en una sinonimia de maracuyá, tal y como aún se conoce en muchos países de Latinoamérica.

Pero ¿qué tiene que ver la Pasión de Cristo con el maracuyá? Pues, a priori, los misioneros que la encontraron creyeron ver una serie de casualidades en la planta que justificaría el nombre

Por un lado, por ejemplo, los tres estigmas de la flor representarían los tres clavos de Cristo, mientras que los cinco estambres se asemejarían a las cinco llagas de Cristo y, al mismo tiempo, la corona de filamentos serviría para asemejarse a la corona de espinas.

Los jesuitas creyeron ver algunas similitudes de la flor del maracuyá con acontecimientos de la Pasión de Cristo como los estigmas, la corona de espinas, el color o las llagas.

No quedan ahí los paralelismos. Las tres hojas trilobuladas de la planta serviría para asemejarse con la Santísima Trinidad, mientras que los diez pétalos de la flor serían un paralelismo con 10 apóstoles, si se excluye a Pedro y Judas. 

La justificación de la exclusión, al menos a priori, es que Judas se trataría del traidor y que Pedro, a pesar de su presencia en La Última Cena y de luego ser el primer Papa, habría negado tres veces a Cristo, por lo que se explicaría su no aparición. 

Además, para más inri –quizá nunca mejor dicho–, los colores de la flor (blanca y morada) se asocian tradicionalmente en los ritos cristianos a pureza y sufrimiento, dos factores indivisibles a la Pasión de Cristo. 

De esta manera, los jesuitas utilizaban la flor de la fruta de la pasión para evangelizar de una forma sencilla. Al punto de que el historiador italiano Giacomo Bosio justificaría en su obra Dell'Historia della Sacra Religione et Illustrissima Militia di San Giovanni Gierosolimitano (publicada en Roma en el año 1610), un tratado sobre la crucifixión, aprovechando los comentarios que un misionero le hizo llegar sobre la flor.

Imágenes | Diana ✨ / Jana Guarini

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