Este era un lavadero viejo y sin gracia: con esta reforma sin taladro ha quedado así de espectacular

Un espacio gris y funcional se transforma en un rincón acogedor gracias a una reforma ingeniosa sin obras

Joana Costa

Editor

Hay zonas de la casa que, por mucho que lo intentemos, parecen condenadas a la invisibilidad. El lavadero suele ser una de ellas: rincones sin alma, con electrodomésticos a la vista y una decoración que recuerda a los años en que se consideraba un espacio puramente práctico. 

Pero basta un poco de imaginación para convertirlo en un rincón agradable y funcional. Así lo han demostrado los creadores de contenido de @lmerinointeriorismo, que han dado un giro radical a un lavadero aburrido y feo sin tapujos.

Lo mejor: lo han hecho sin recurrir a taladros, obras costosas ni materiales imposibles. La clave ha sido un tablero, listones de madera, un poco de barniz y mucha intención decorativa.

Una encimera con personalidad

El primer paso fue cubrir la superficie con un tablero sencillo, al que aplicaron dos capas de barniz. De este modo lograron una encimera resistente y con acabado cálido, capaz de aportar carácter a un rincón donde antes solo había superficies frías. El resultado es una base robusta, con ese punto de naturalidad elegante que la madera siempre transmite.

Sin embargo, la magia no está solo arriba. Los laterales se reforzaron con listones de madera pegados, mientras que en la parte frontal añadieron un sistema con imán que permite ocultar el termo. 

Frente limpio y ordenado

Así, se logra un frente limpio y ordenado, pero accesible si se necesita manipularlo. Un truco sencillo que resuelve lo práctico sin renunciar al estilo contemporáneo.

Baldas para aprovechar el espacio

El resto del lavadero también se transformó con baldas de listón. Estas permiten organizar productos de limpieza, cestas o pequeños accesorios decorativos sin necesidad de instalar estructuras complicadas. El resultado es un espacio con más capacidad y menos caos, algo que agradece cualquiera que haya sufrido un lavadero desordenado y estrecho.

Ahora bien, no podía faltar la parte estética. Los creadores apostaron por colocar plantas y pequeños accesorios para dar vida a la zona. Desde macetas discretas hasta detalles en cerámica, cada elemento aporta frescura y rompe con la imagen vieja que tenía el lavadero. Una prueba de que incluso un espacio técnico puede ser bonito y cálido si se cuida el detalle.

Adiós a la versión viejuna

El resultado final es un lavadero que parece otro. Ya no es ese rincón olvidado que se evita enseñar a las visitas, sino un espacio funcional, agradable y bien pensado. Todo ello con materiales económicos y sin necesidad de taladrar paredes o levantar polvo. 

Es, en conjunto, una reforma que demuestra que la creatividad es más poderosa que el presupuesto, y que los rincones olvidados también merecen una segunda oportunidad.

Foto | Montaje

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