
Durante la cena en el palacio arzobispal se bebieron dos vinos de la DO Bierzo y un rosado de la DO León
La visita del papa León XIV se ha convertido en uno de los grandes acontecimientos públicos de España en 2026 y no es para menos, habida cuenta de que nuestro país ha tenido que esperar 15 años para volver a formar parte de un viaje apostólico del sumo pontífice.
Con una agenda cargada de actos, desde institucionales a puramente religiosos, no dudamos que el santo padre se ha debido llevar una buena impresión de España, incluida la parte gastronómica si ha tenido alguna ocasión para saborearla.
Como así ha sido con la cena de gala que se ofreció en su honor en el palacio arzobispal de Madrid el pasado domingo 8 de junio, donde su santidad disfrutaría de un menú preparado por un restaurante centenario como Lhardy, uno de los establecimientos más antiguos de la capital.
En el menú confeccionado para la ocasión, nada estridente. No faltaron croquetas de cocido, ni tampoco jamón ibérico recién cortado, así como salmón ahumado de Pescaderías Coruñesas, entrantes que amenizaron el ágape hasta la llegada de los platos principales.
Gazpacho con txangurro y ensaladilla rusa con quisquilla de Motril fueron los anticipos al plato fuerte, mero al horno, sirviendo un menú eminentemente marino, hasta llegar al postre, el clásico soufflé de Lhardy.
Sin embargo, quizá lo que más llame la atención de lo servido es que el vino no tuvo como protagonista a algunas de las zonas vitivinícolas más conocidas de España como podrían ser Rioja, Ribera del Duero o Rias Baixas.
Tampoco procedió el maridaje de denominaciones de origen igualmente relevantes como Jerez o Priorat, sino que el menú, seleccionado por la Real Academia de Gastronomía, puso el foco en el noroeste peninsular y, más concretamente, en un territorio propicio para la fe cristiana, pues sumergió en el brindis al papa y a la concurrencia en pleno Camino de Santiago.
Tres vinos, uno rosado, uno blanco y uno tinto, presidieron el festín y los tres forman parte de bodegas presentes en la provincia de León. Por un lado, el rosado Trapera, de bodegas Margón, elaborado con las uvas prieto picudo y albarín en la localidad de Pajares de Los Oteros, a unos 25 kilómetros del Camino de Santiago francés, asesorados por el enólogo Raúl Pérez, al que no vamos a sacar de la ecuación.
6 botellas de vino rosado Trapera 2024. Bodegas Margón. DO León
Hubo margen a que, directamente, el Camino de Santiago se manifestase en la copa. El vino tinto, Ultreia Villegas, del enólogo berciano Raúl Pérez, tomó parte de la velada y puso esa nota marcadamente jacobea.
Ultreia es el término de origen latino que tradicionalmente se usa en el Camino como saludo y que viene a significa algo similar a 'vamos allá' y es el nombre que Pérez dio a su bodega, el más conocido de sus proyectos en El Bierzo.
Ultreia Villegas 2023. DO Bierzo
Berciano también fue el blanco y también de Raúl Pérez, aunque en este caso era una cuvée seleccionada especialmente para Lhardy con la uva godello como protagonista.
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