
Este árbol se plantó por millones en España y los científicos lo relacionan ahora con la pérdida de biodiversidad
Durante décadas fue el árbol elegido para repoblar montes y abastecer a la industria papelera. Crece rápido, proporciona madera en pocos años y requiere relativamente pocos cuidados. Sin embargo, su expansión también ha tenido consecuencias sobre el paisaje y la fauna que habita en él.
El eucalipto ocupa hoy una parte importante de la superficie forestal del norte de España, especialmente en Galicia y la cornisa cantábrica. Lo que comenzó como una solución económica para producir madera se ha convertido también en objeto de estudio por parte de los científicos, que analizan cómo estas plantaciones afectan a los ecosistemas naturales.
Un trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) aporta nuevas evidencias sobre este impacto. El estudio, desarrollado en el Parque Natural das Fragas do Eume, concluye que las plantaciones de eucalipto albergan muchas menos aves que los bosques autóctonos.
Un bosque con menos vida
Los investigadores compararon 240 parcelas de bosque atlántico y plantaciones de eucalipto. Los resultados muestran que, a medida que aumenta la presencia de esta especie, disminuye tanto la cantidad como la diversidad de aves.
Las más perjudicadas son aquellas que se alimentan de insectos o necesitan cavidades en árboles viejos para criar, como los carboneros o los picos picapinos. El motivo es que el eucalipto genera un hábitat muy distinto al de un bosque maduro: ofrece menos alimento, apenas desarrolla sotobosque y suele talarse antes de alcanzar la edad necesaria para formar huecos naturales donde anidar.
Esta reducción de aves no solo afecta a la biodiversidad. Muchas especies desempeñan funciones esenciales en el equilibrio del bosque, como el control de insectos, la dispersión de semillas o el mantenimiento de la salud del ecosistema.
Un árbol muy rentable, pero con costes
El eucalipto llegó a la Península Ibérica en el siglo XIX, aunque su expansión se produjo sobre todo a partir de los años cuarenta para abastecer la creciente industria de la celulosa y el papel. Su rápido crecimiento lo convirtió en una de las especies forestales más rentables.
Actualmente representa una parte importante de la economía forestal gallega. Según el informe A Cadea Forestal-Madeira de Galicia 2025, el sector genera alrededor de 2.500 millones de euros anuales y da empleo a más de 19.000 personas, lo que explica la dificultad de limitar su expansión pese a las advertencias científicas.
Diversos estudios también señalan que el eucalipto modifica el suelo y dificulta el desarrollo de la vegetación autóctona. Sus hojas contienen compuestos que limitan el crecimiento de otras plantas y, al caer sobre arroyos y ríos, pueden alterar los ecosistemas acuáticos.
La solución no pasa por eliminarlo
Los propios investigadores aclaran que el objetivo no es erradicar el eucalipto, sino compatibilizar su aprovechamiento forestal con la conservación de la biodiversidad.
Entre las medidas propuestas figura dejar franjas de vegetación autóctona sin desbrozar dentro de las plantaciones y favorecer la recuperación del sotobosque. Estas actuaciones permiten aumentar la presencia de insectos y crear refugios para las aves sin renunciar completamente a la producción de madera.
Los autores recuerdan además que el estudio se ha realizado en un espacio concreto y centrado en la comunidad de aves, por lo que sus conclusiones no deben extrapolarse automáticamente a todos los ecosistemas. Aun así, los resultados refuerzan una idea que la comunidad científica lleva años señalando: los bosques formados casi exclusivamente por eucaliptos ofrecen mucha menos biodiversidad que los bosques autóctonos.
Fotos | En Pexels: Gis Photography, Jari Lobo y rakesh menda.
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