
Las olas de calor cada vez más frecuentes están cambiando la forma de entender el urbanismo
Las olas de calor cada vez más frecuentes están cambiando la forma de entender el urbanismo. Investigadores y especialistas en planificación urbana defienden que el arbolado debe considerarse una infraestructura esencial por su capacidad para reducir la temperatura, mejorar la calidad del aire y limitar el riesgo de inundaciones.
Cuando el termómetro supera los 35 grados, basta con cruzar una calle sin sombra para comprobar el efecto que tienen los árboles sobre la temperatura. La diferencia entre caminar bajo un gran ejemplar o hacerlo sobre una plaza completamente asfaltada puede ser notable. Sin embargo, durante décadas el arbolado urbano ha sido tratado principalmente como un elemento ornamental y no como una infraestructura con funciones ambientales.
Papel clave en ciudades habitables
Ese planteamiento está empezando a cambiar. Cada vez más estudios científicos señalan que, en un contexto de olas de calor más intensas y frecuentes, los árboles desempeñan un papel clave para hacer las ciudades más habitables. Según recoge una revisión científica publicada en PLoS Climate, el arbolado urbano ayuda a combatir dos de los principales efectos del cambio climático en las ciudades: el calor extremo y las lluvias torrenciales.
Una de sus principales funciones es reducir el conocido efecto isla de calor urbana, un fenómeno que hace que el asfalto, el hormigón y los edificios acumulen calor durante el día y lo liberen lentamente por la noche. Los árboles actúan de dos formas: proporcionando sombra y mediante la evapotranspiración, un proceso por el que liberan vapor de agua y contribuyen a refrescar el ambiente.
Mejoran también la calidad del aire
Pero sus beneficios van mucho más allá del confort térmico. Los expertos recuerdan que también ayudan a mejorar la calidad del aire al filtrar partículas contaminantes, absorben dióxido de carbono y favorecen la biodiversidad al ofrecer refugio a aves e insectos.
Además, sus raíces facilitan la infiltración del agua de lluvia, reduciendo la escorrentía y disminuyendo el riesgo de inundaciones durante episodios de precipitaciones intensas.
Cambiar el punto de vista
Por este motivo, parte de la comunidad científica propone dejar de considerar los árboles como un simple elemento paisajístico y empezar a gestionarlos como una infraestructura básica de las ciudades, al mismo nivel que el abastecimiento de agua, el alcantarillado o la red eléctrica. El objetivo sería garantizar su conservación, mantenimiento y financiación a largo plazo.
Esta necesidad ya empieza a reflejarse en algunas investigaciones y proyectos desarrollados en España. Un estudio con participación del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC) destaca que aumentar y mantener la cubierta arbórea urbana puede contribuir a mitigar la intensidad y la frecuencia de las olas de calor, aunque también advierte de la importancia de seleccionar adecuadamente las especies y planificar su mantenimiento
Al mismo tiempo, ciudades como Valencia estudian cómo adaptar su arbolado a un clima cada vez más cálido, apostando por especies más resistentes, suelos más permeables y prácticas de mantenimiento que mejoren su supervivencia.
Con previsiones que apuntan a veranos cada vez más largos y cálidos, los especialistas consideran que aumentar la presencia de árboles no es únicamente una cuestión estética. También supone una herramienta para reducir el impacto del calor extremo, mejorar la salud de la población y hacer que las ciudades sean más resilientes frente al cambio climático.
Fotos | En Pexels: Paulo Cerqueira y FENG HE
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