Dos ingredientes, un cacharro y los mejores espárragos trigueros que te puedes comer: el truco de Pierre Chomet para esta primavera

Con agua, mantequilla y una cazuela pequeña puedes triunfar con ellos como guarnición o como plato

Jaime de las Heras

Editor Senior

Reconozco que la primavera, cuando hablamos de intentar comer mejor y más sano, es mi época favorita. No solo porque los mercados estén a reventar de producto fresco y ligero, sino también porque las circunstancias permiten que la cocina no tenga que complicarse más de la cuenta y que tu vida social no te acogote por ello.

En verano, aunque hay opciones para comer más sano, lo cierto es que, entre que quedas con unos amigos, estás de vacaciones y tienes medio millón de planes, lo más frecuente es que acabes comiendo poco, tarde o mal. O las tres cosas a la vez.

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 Y en invierno, aunque soy bastante fan de ciertas hortalizas, especialmente de las crucíferas, comprendo que no son tan agradecidas como algunas de las grandes protagonistas de la primavera, como sucede con el espárrago.

Me encanta tanto en verde como en blanco y, de hecho, con el verde he encontrado hace poco una receta del chef francés Pierre Chomet que me ha parecido fabulosa y que queremos compartir con vosotros. No es nada complicada, la puedes hacer con cualquier espárrago, incluso con espárragos blancos, y tiene cero complicación.

Además, solo vas a manchar un cacharro y vas a tener con ellos una guarnición estupenda. O, si lo prefieres, directamente puedes comértelos tal cual, porque no son otra cosa que unos espárragos con mantequilla.

En este caso, simplemente coges unos buenos espárragos trigueros, los partes, eliminas la parte leñosa del tallo y, en una cazuelita muy pequeña —lo más pequeña que puedas, pero en la que quepan—, añades un poco de agua, un poquito de mantequilla y los espárragos. Después, tapas y llevas a una ebullición controlada hasta que los espárragos estén tiernos.

Con esto vas a conseguir que, al estar tapado, el espárrago se cocine antes y no pierda mucho jugo. Luego, cuando ya esté listo o casi listo, simplemente destapas y dejas que la salsa de agua y mantequilla reduzca un poco gracias a la temperatura y a la cocción.

Así vas a conseguir que ambas partes emulsionen y no se corten, obteniendo una salsa sencillísima que solo tienes que rematar al final, si quieres, con un poquito de pimienta. Y tendrás un plato ideal sin complicarte.

Imágenes | Instagram Pierre Chomet

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