El frío, la humedad y la falta de ventilación provocan ese olor persistente que se puede prevenir fácilmente
En invierno, las toallas tardan más en secarse y eso suele derivar en un olor desagradable difícil de quitar. No es falta de limpieza: es pura humedad atrapada. El baño es un entorno donde se combina vapor, poca ventilación y superficies frías, el escenario perfecto para que los tejidos conserven ese aroma a cerrado.
A diferencia de otras épocas del año, el problema no se resuelve solo con lavar más a menudo. Si la toalla no se seca bien entre usos, las bacterias responsables del mal olor reaparecen con facilidad, incluso después de pasar por la lavadora.
El resultado es una sensación de humedad persistente que acaba siendo incómoda en el día a día. Por eso, durante los meses fríos conviene cambiar pequeñas rutinas.
Ajustar la forma de colgarlas, favorecer la circulación del aire y prestar atención al tiempo de secado son gestos sencillos que marcan la diferencia y permiten que las toallas se mantengan frescas durante toda la estación.
El primer paso es extenderlas correctamente después de cada uso. Las toallas mal colgadas, dobladas o acumuladas sobre el radiador no se secan bien y conservan la humedad entre las fibras.
Ventilar bien
La ventilación también juega un papel fundamental. Aunque haga frío, abrir la ventana del baño unos minutos tras la ducha ayuda a dispersar el vapor acumulado. Si el baño no tiene ventana, dejar la puerta abierta facilita la circulación del aire.
Cambiarlas cada poco
Otro truco eficaz es evitar que las toallas permanezcan en el baño durante días. Cambiarlas con frecuencia, cada dos o tres días, previene la proliferación de bacterias responsables del olor.
Vinagre blanco
En el lavado, añadir un poco de vinagre blanco en el compartimento del suavizante ayuda a neutralizar olores y a eliminar restos de detergente que se acumulan con el tiempo. También es recomendable no cargar en exceso la lavadora para que el agua circule bien.
Secar totalmente
El secado es igual de importante. Las toallas no deben guardarse si aún conservan humedad. Si no hay balcón, utilizar un tendedero cerca de una fuente de calor, pero sin contacto directo, acelera el proceso sin dañar el tejido.
No usar suavizantes
Evitar el uso frecuente de suavizantes también contribuye a mantenerlas frescas; estos productos pueden dejar una película que atrapa olores. Con estos hábitos, las toallas conservan olor limpio incluso en los meses más fríos del año.
Foto | Pexels
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