Los pisos de los años 80 tienen personalidad, eso es innegable: pasillos larguísimos, suelos de terrazo, cocinas cerradas de mil colores y baños que parecen cápsulas de otra época. El problema llega cuando esa personalidad se confunde con desgaste visual y la casa empieza a parecer más antigua de lo que realmente es.
Ahí es donde los interioristas entran en juego con soluciones que actualizan sin borrar la historia y buscan dar con un piso ochentero de estética renovada pero reconocible.
La clave está en el pasillo
En este caso, el pasillo es uno de los grandes culpables de ese aire viejuno. Ese corredor central que lleva a todas las habitaciones puede integrar mejor el conjunto si se abre al salón o se minimiza su presencia.
Quitar la puerta de separación, pintar el fondo en un tono oscuro o instalar tiras LED en el techo ayuda a que parezca más corto. El resultado es un recorrido fluido y un espacio contemporáneo sin tocar estructura.
Cocina y baño, alerta
La cocina y el baño son otro campo de batalla. Muebles saturados, azulejos hasta el techo y bañeras eternas delatan el año de construcción. En este caso, lo ideal es unificar el color de las paredes en tonos claros, como blanco o beige, para multiplicar la luz.
Pintar azulejos con productos específicos o usar vinilos decorativos en frentes y muebles permite cambiar el aspecto sin obra pesada. Así se consigue un lavado de cara que aporta una superficie luminosa ambiente ligero con un presupuesto más contenido.
En los baños, sustituir la bañera por un plato de ducha con mampara transparente y perfilería mínima libera metros y moderniza al instante. Incluso cuando no se puede tirar tabique, ese gesto cambia la percepción del espacio.
Importa tanto lo que se añade como lo que se quita: menos recovecos, menos cortes visuales, más continuidad. Esa es la clave para lograr baño despejado con una sensación amplia aunque el plano no se mueva.
El suelo de terrazo, omnipresente en los pisos de los 80, puede actualizarse sin levantar toda la casa. En este caso se puede optar por suelos vinílicos o porcelánicos imitación madera colocados encima, siempre que la altura lo permita.
Escoger un acabado continuo para toda la vivienda ayuda a reducir la fragmentación visual. Con ese gesto se consigue una base unificada y una casa coherente que soporta bien cualquier estilo.
Puertas lacas en blanco
Las puertas también cuentan su propia historia decorativa. Lacarlas en blanco, cambiarlas por modelos lisos o actualizar tiradores y herrajes son intervenciones relativamente sencillas que tienen gran impacto.
Al coordinar puertas, zócalos y marcos de ventana en un mismo tono neutro, el conjunto se ordena y la luz circula mejor. De repente, el piso deja de parecer un mosaico de épocas y pasa a tener marcos discretos de fondo neutro para todo lo demás.
Hola a los LED
La iluminación es otra herramienta potente para recuperar un piso ochentero. Adiós a los plafones enormes y a las lámparas descolgadas sin criterio; hola a las tiras LED ocultas, los puntos de luz en carril y las lámparas de diseño colocadas con intención.
En realidad, muchas viviendas antiguas no son realmente oscuras, sino que solo están mal iluminadas. En cambio, replantear el esquema permite volumen realzado rincones vivos sin necesidad de grandes reformas.
El maldito gotelé
Y el gotelé sigue siendo protagonista silencioso de muchas paredes. Idealmente, se alisa y se deja una superficie lisa, pero cuando no es posible, puede suavizarse con pinturas mates en tonos claros. Al reducir el contraste y el brillo, el relieve pierde fuerza y el conjunto se ve más limpio. Es una apuesta razonable para conseguir una pared discreta de fondo actual mientras se decide si compensa una intervención mayor.
Reconocer las señas de identidad de estos pisos (sus pasillos largos, cocinas cerradas, suelos duros y gotelé) es el primer paso para transformarlos sin borrarlos. Las necesidades actuales apuestan por mejorar luz, continuidad y materiales antes que tirar muros por costumbre. Esta es una forma de reconciliar la memoria arquitectónica con el confort que requiere el presente y que da nueva vida a las viviendas de los 80.
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