La interiorista Laura Martínez explica el por qué hay que huir de las sillas tapizadas en gris para el salón (por muy de moda que esté)

La interiorista revisa uno de sus clásicos decorativos y advierte que el gris, por práctico que parezca, puede apagar un comedor y complicar su mantenimiento

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Joana Costa

Editor

La interiorista Laura Martínez ha puesto palabras a algo que muchos hogares descubren tarde: no todas las decisiones estéticas envejecen igual. Y en su caso, hay un arrepentimiento claro. Con el tiempo, ha dejado de recomendar sillas tapizadas en gris, un color que parecía perfecto sobre el papel, pero que en casa le ha demostrado lo contrario. 

Según esta profesional, las sillas grises son serias y complicadas de mantener. Recuerda que el gris se convirtió en uno de los tonos estrella durante años: combinaba con todo, parecía elegante y encajaba en salones nórdicos, minimalistas o contemporáneos. 

Pero ese mismo efecto neutro acaba, según Martínez, volviéndose monótono. La realidad es que aporta poco carácter y no ayuda a dar calidez, una reflexión que muchos comparten cuando buscan renovar el comedor sin perder personalidad.

Difícil mantenimiento

Según explica a El Mueble, el problema no es solo cromático. La interiorista recuerda que la mayoría de estas sillas están hechas con tejidos delicados como el terciopelo o microfibras que marcan al mínimo contacto. 

Las manchas, las huellas del uso diario y el desgaste son más visibles de lo que parece. Esto obliga a limpiarlas más de lo que a uno le gustaría, algo especialmente incómodo si hay niños o se come a diario en esa mesa.

Frente a ese desgaste acelerado, Martínez apuesta ahora por tapizados más prácticos: lonetas resistentes, mezclas de algodón o linos lavados, materiales que permiten darle un golpe de paño rápido y seguir con la vida sin obsesionarse con la suciedad. Además, se inclina por tonos cálidos que suavizan el ambiente y hacen que el comedor sea más acogedor.

Otra cuestión que menciona es que el gris oscuro se come la luz. En salones pequeños o con poca iluminación natural, las sillas terminan oscureciendo visualmente el espacio. Un error habitual que se detecta cuando ya es demasiado tarde y el conjunto resulta más formal de lo que se pretendía.

No a la monocromía

También reconoce que la moda del todo gris llevó a muchos hogares a caer en una especie de monocromía: paredes grises, sofás grises, textiles grises y, cómo no, sillas grises. El resultado, dice, es un ambiente frío que solo funciona en fotografías, pero no en la vida real. 

Para quienes estén pensando en renovar el comedor, Martínez recomienda observar el uso real que se hace de ese espacio. Si es un punto de encuentro diario, mejor tejidos resistentes. Si es un comedor de invitados, más estético que funcional, se puede arriesgar más. Pero, en cualquier caso, invita a huir del gris como solución rápida.

Su reflexión apunta a una tendencia clara: ya no basta con que una pieza sea bonita o esté de moda. La decoración está volviendo a lo práctico, lo duradero y lo cálido. Y si algo demuestra la experiencia de Martínez es que la estética, sin mantenimiento cómodo, puede convertirse en un pequeño error (y horror) diario.

Foto | @lauramartinez_interiorista 

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