El truco de los hoteles para perfumar las sábanas sin suavizante y que duren más

Este método evita residuos en el tejido y mantiene un aroma limpio durante más tiempo

Joana Costa

Editor

Entrar en una habitación de hotel y notar ese olor limpio, neutro y reconfortante en las sábanas es casi parte de la experiencia. No es un perfume evidente ni dulzón, sino una sensación de frescor constante que se mantiene a lo largo de las noches. Y en realidad, no se consigue a base de suavizante industrial.

Muchos hoteles llevan años evitando el suavizante tradicional por una cuestión práctica: aporta olor inmediato, pero también deja residuos, apelmaza las fibras y acorta la vida útil de la ropa de cama, algo poco compatible con lavados casi diarios.

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Por eso recurren a métodos mucho más simples, baratos y respetuosos con el tejido. Trucos domésticos, bien aplicados, que permiten perfumar las sábanas de forma ligera y duradera sin sobrecargar el algodón ni alterar su transpirabilidad.

Aceites esenciales

El primero de ellos consiste en usar aceites esenciales, pero siempre bien diluidos. La fórmula habitual es mezclar unas pocas gotas en agua y añadirlo durante el último aclarado o en el agua de la plancha. El aroma queda integrado, no superficial.

Es importante no aplicar nunca el aceite directamente sobre la tela. Sin diluir puede dejar manchas y concentrar demasiado el olor. Mezclarlo con agua o con un chorrito de vinagre blanco permite que se distribuya de forma homogénea y desaparezca cualquier resto graso.

Pulverizar al tender

Otro gesto habitual en lavanderías profesionales es pulverizar ligeramente las sábanas cuando aún están húmedas y ya tendidas. En ese punto, el tejido absorbe mejor el aroma y lo fija al secarse, sin necesidad de repetir el proceso después.

El vinagre blanco juega aquí un papel clave. No solo ayuda a fijar el olor, sino que elimina restos de detergente acumulados y suaviza la fibra de forma natural. Una vez seca la ropa, no deja ningún rastro de olor ácido.

La ausencia de suavizante también tiene ventajas visibles a largo plazo. Las sábanas conservan mejor el blanco, no amarillean con facilidad y mantienen esa textura fresca y crujiente que suele asociarse a los hoteles bien cuidados.

Un planchado que sella

El planchado es el último paso del ritual. El calor ayuda a sellar el aroma y deja la ropa de cama con un acabado más uniforme. No es imprescindible, pero sí marca la diferencia cuando se busca ese efecto hotel tan reconocible.

Con estos pequeños gestos, las sábanas huelen a limpio de verdad, sin perfumes invasivos ni productos agresivos. Un resultado más duradero, más saludable para el tejido y, curiosamente, mucho más cercano al lujo cotidiano del que presumen los buenos hoteles.

Fotos | Pexels

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