
Hacer de vez en cuando una limpieza a fondo del frigorífico es esencial para mantener el electrodoméstico en buen estado
Cuando Chicote descubría ecosistemas paralelos al abrir algunas neveras en el programa Pesadilla en la cocina, muchos nos escandalizábamos pero, ¿cuidamos correctamente de nuestro electrodoméstico? Sin llegar a ciertos niveles de dejadez, es probable que nos toque hacer una limpieza a fondo del frigorífico más a menudo de lo que habitualmente pensamos.
Hemos insistido mucho en lo importante que es elegir la nevera más eficiente, así como su organización interna y qué alimentos es mejor conservar dentro, cómo y cuánto tiempo. Es una cuestión de ahorro energético, de sostenibilidad y también de seguridad alimentaria, y también en estas cuestiones la limpieza juega un papel clave. Además de por higiene y salubridad, un frigorífico limpio y desinfectado funcionará mejor durante más años, gastará menos energía y conservará mejor los alimentos.
Cómo limpiar la nevera paso a paso
1. Elegir el mejor momento
Lanzarse a lo loco en plan ataque de limpieza no es lo más recomendable. Lo ideal sería organizar este trabajo en una planificación aproximada de las tareas del hogar, al menos cuando hagamos la limpieza más a fondo. Su frecuencia depende un poco de cuántos seamos, la frecuencia de comidas en casa o el mantenimiento diario que tengamos.
Escogeremos el día de la semana que tengamos tiempo -y energía- para dedicarle sin prisas, idealmente justo antes de hacer una compra voluminosa, cuando el frigorífico esté más vacío. También viene bien para hacer la lista de la compra en función de lo que encontremos dentro.
Antes del verano es una época ideal para hacer una puesta a punto bien profunda de este electrodoméstico, para prepararlo bien a los meses de más calor, así como justo después de las vacaciones, para comprobar que todo sigue en orden y preparar la vuelta a la rutina. Además, es buena idea hacerlo a primera hora o cuando no haga demasiado calor.
2. Vaciar, revisar y refrigerar los alimentos
Antes de limpiar, hay que dejar el espacio libre. Empieza preparando bolsas isotérmicas o pequeñas neveras portátiles, bien eléctricas, bien con acumuladores de frío previamente congelados. No se tardará mucho si nos organizamos bien, pero tampoco hay que dejar los alimentos a temperatura ambiente, salvo que tengamos bebidas sin abrir o vegetales que aguanten bien.
Aprovecha para hacer inventario de lo que hay en la nevera y el congelador, comprobando fechas de caducidad o consumo preferente, estado de los frescos, cantidades, etc. Desecha lo que no esté en buen estado o sea sospechoso.
3. Apagar o desconectar el aparato
No tiene sentido limpiar el frigorífico y el congelador si lo tenemos en marcha; gastaremos energía absurdamente y nos dificultará la tarea. Podemos apagarlo por completo y desenchufarlo, algo que puede ser necesario si nos toca moverlo para limpiar por detrás, o simplemente apagar el modo de enfriamento y congelación, para que no se apague pero tampoco esté el motor funcionando tratando de bajar la temperatura.
4. Sacar bandejas, baldas, cajones y accesorios
Con cuidado, extrae todos los accesorios que incluya la nevera para limpiarlos aparte, tales como portabotellas, baldas, cajones y bandejas. Si la nevera sigue muy fría o tiene hielo o escarcha, ten cuidado al forzarlos. Deja que se atemperen en la cocina unos minutos o el vidrio podría romperse si se somete a cambios bruscos de temperatura.
5. Limpiar los accesorios extraíbles
Procura usar el lavavajillas solo con las baldas o accesorios que sean aptos y así lo indiquen. Los demás tocará lavarlos a mano, simplemente fregándolos con jabón lavavajillas manual y un estropajo o bayeta suave, que no dañe los materiales, y agua templada. También puedes usar una mezcla de agua y vinagre destilado de limpieza; para la suciedad más incrustada, utiliza una pasta de bicarbonato con agua.
Si quieres desinfectar, puedes emplear productos específicos aptos para la nevera, leyendo bien las instrucciones, o una solución de agua y lejía de unos 20 ml por cada litro de agua, siempre fría y usando guantes. Recuerda enjuagar y secar muy bien todo. Si puedes, déjalos al sol.
6. Limpiar la nevera por dentro
Los mismos limpiadores y utensilios mencionados serán los adecuados para la limpieza de la nevera por dentro. Además de usar bayetas o estropajos suaves que no dañen el material, necesitarios paños que no suelten hilo para secar todo muy bien; es fundamental que no nos quedenr estos de humedad.
Para una limpieza rutinaria nos bastará el jabón neutro lavavajillas o un spray casero de agua y vinagre destilado; la pasta de bicarbonato con agua se puede dejar reposar sobre la suciedad más incrustada antes de retirarla, y los desinfectantes específicos, así como la lejía, nos servirán para dejar la nevera libre de posibles patógenos. Eso sí, se desinfecta después de haber limpiado.
7. No olvidar el drenaje
Las neveras tienen un orificio de drenaje o desagüe que también hay que limpiar. Algunos modelos incorporan un pequeño accesorio o palanca que basta con remover de vez en cuando para evitar que se obstruya con hielo; si está bloqueada tocará limpiarla con un accesorio especial.
Podemos ayudarnos con un palillo, pequeño cepillo o pajita dura, aunque lo más útil es comprar utensilios específicos para esta tarea, que nos servirán para solucionar fácilmente los atascos más graves.
8. También las juntas y gomas
Las gomas de las juntas de las puertas siempre, siempre hay que limpiarlas, y mejor si se hace casi a diario. Es habitual que acumulen suciedad con el mero trajín de cada día, sin darnos cuenta. Los restos sólidos se pueden aspirar con un aspirador de boca pequeña, o podemos retirarlos manualmente con un cepillo de dientes o bastoncito de algodón, también válidos para frotar con desinfectante. Recuerda secarlas muy bien.
9. El congelador
Si es del tipo combi, con congelador en cajones, también los tendremos que haber sacado para fregarlos aparte, una vez atemperados. En el caso de que el congelador tenga hielo o escarcha, ayudará a crear un menor desastre en la cocina si ponemos unas toallas viejas en el suelo o papel de periódico.
Para retirar los bloques incrustados siempre hay que usar una pala o rasqueta adecuada y específica para la tarea, que suele venir incluida en el electrodoméstico, o podemos comprar aparte. Cuando tengamos demasiado hielo, lo más sencillo es introducir un recipiente lleno de agua caliente y cerrarlo para que baje la temperatura y lo derrita un poco.
Cuando esté libre de restos, lo podremos limpiar, desinfectar y secar a fondo de la misma forma que la nevera.
10. Limpieza y aspiración de rejillas y partes ocultas
Antes de recolocar los accesorios y alimentos conviene limpiar el aparato en las zonas que no solemos ver: arriba, debajo y detrás. Aquí se trata sobre todo de quitar polvo y restos de pelos y pelusas, con paños y limpiadores adecuados y aspirador. Aspira a fondo las rejillas de ventilación y otras zonas; si es necesario, habrá que retirar las rejillas y otros protectores para acceder al interior cuando el aparato esté especialmente sucio, siempre previamente desconectado.
11. Recolocar accesorios y reconectar
Vuelve a comprobar que todo está limpio y 100% seco, tanto accesorios como el interior de cada compartimento. Vuelve a colocar cada cosa en su sitio, o aprovecha para regorzanizar y optimizar el espacio, y reconecta el aparato. Espera a que alcance la temperatura adecuada -en torno a los 4ºC en la nevera, por debajo de 0ºC en el congelador- antes de guardar la comida.
12. Refrigerar los alimentos
Una vez con el frigorífico limpio y frío por dentro, es hora de volver a guardar los productos que sacamos en primer lugar, de nuevo revisando las fechas de consumo para colocar lo que hay que gastar primero en las posiciones delanteras, más visibles. Lo primero que entra es lo primero que debe salir (first in, first out o "FOMO").
Aprovecha para limpiar también botellas y envases por fuera, y para anotar lo que haya que comprar, si es necesario. Recuerda las reglas básicas de organización y orden de los diferentes alimentos.
13. Limpiar por fuera
Finalmente terminaremos limpiando el aparato por fuera en su cara visible, el frente, las puertas, los tiradores y, si es visible y accesible, la parte superior. Con una bayeta suave y un limpiador de electrodomésticos o superficies que sea antioxidante, o simple jabón neutro, será suficiente. No utilices detergentes o estropajos abrasivos, y seca bien.
14. Bonus: evitar malos olores
El bicarbonato con agua es la mejor solución para eliminar restos de olores en el frigorífico durante la limpieza. Para evitar que vuelvan a salir, el mismo producto, en polvo, colocado en un cuenco, sin más, absorberá los posibles aromas desagradables. También suele ayudar el café molido, incluso puedes aprovechar los posos, lo más secos posibles.
Asimismo, existen soluciones comerciales tanto para eliminar el mal olor como para prevenirlo. El carbón activo es uno de los productos más útiles, y se puede colocar en recipientes concretos para este uso que además decoran un poco. Recuerda, en cualquier caso, revisar y cambiar el producto elegido cada cierto tiempo, pues puede acumular humedad e incluso generar moho.
Conviene hacer una de estas limpiezas a fondo cada dos o tres meses, el aspirado de las rejillas dos o tres veces al año, y una limpieza básica de mantenimiento a la semana.
Fotos | Marco Verch - USDA
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