
Solo necesitas un cazo, un horno y un poquito de cariño para cortar las patatas
Seguro que tú, como yo, has entrado alguna vez en una casa donde el horno andaba crepitando, gratinando un buen puñado de queso, y ya estabas salivando desde la puerta.
No estás solo, claro. Ese efecto magnético que tiene un gratinado es algo casi mágico. Luego solo falta asomarse a la ventana del horno y comprobar cómo se tuesta, cómo cambia de color y va formando unas pompitas maravillosas que luego estarán todavía mejor cuando te las comas.
Eso es, precisamente, lo que ocurre con una de las recetas estrella que suelo hacer con el horno y que, en muchas ocasiones, mejora hasta a las siempre infalibles pizzas. La parte buena de la ecuación es que se hace con patata y queso en abundancia.
Una maravilla, vaya, que no deja de ser estas patatas gratinadas a los cuatro quesos y que no exige mucha ciencia, pero sí algo de cariño y un poco de maña cortando las patatas. Por lo demás, coser y cantar.
Lo primero que hay que hacer es una salsa cuatro quesos, que puedes preparar con Thermomix o con un cazo. La gracia es, simplemente, que tritures los quesos que tienes, añadas un poco de leche y las especias y lo dejes cocer durante 10 minutos a 80 °C y velocidad 2 en tu robot de cocina.
Si lo haces en cacerola, igualmente no tiene ciencia: colocas todos los quesos troceados con la leche y vas calentando a fuego suave, removiendo de vez en cuando para que se fundan y se amalgamen. Añade una pizca de sal, pimienta negra y nuez moscada a tu gusto.
Mientras los quesos se van fundiendo, puedes dar candela a las patatas. Simplemente, las pelas, las lavas y las laminas finamente con una mandolina, un robot de cocina o un cuchillo. La gracia es que las láminas queden lo más iguales posible.
Luego, simplemente, ve colocando capas de patata laminada, una pizca de sal y la salsa de cuatro quesos en una fuente para horno. Remata todo con otra buena capa de salsa. Cuécelo en el horno precalentado a 190 °C, con calor arriba y abajo, durante 45 minutos o hasta que notes que las patatas están tiernas y la superficie empieza a dorarse.
Pasado ese tiempo, simplemente retíralo, déjalo atemperar un poquito para no acabar abrasándote y remata con unas hierbas al gusto. Tendrás una receta de patatas y queso infalible para todos los bolsillos.
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