Me alegra mucho ver las campañas de apoyo al consumo de la carne de conejo, ya que según la zona en la que vivamos, esta carne blanca, sana y sabrosa puede ser muy habitual en nuestro recetario o casi un ingrediente desconocido. Por ese motivo de vez en cuando publico recetas con conejo, siendo mi preferida la del conejo al ajillo, la receta que te llevará a tu infancia.
Cuando pruebo esta carne cocinada al ajillo, con el toque especial del vino y el limón, me transporto a tierras castellanas, en concreto a la provincia de Toledo, donde vivía cuando era niño. Allí era frecuente que en los fines de semana nos acercásemos a una finca forestal -mi padre trabajaba en ICONA- y el conejo al ajillo era un plato muy habitual. Así me aficioné al consumo de este delicioso plato que hoy os voy a contar con detalle.
Comenzamos confitando los dientes de ajo a fuego lento en una sartén con abundante aceite. Así, el aceite tomará el sabor del ajo y los ajos se confitarán, tomando color pero sin llegar a quemarse tal como os enseñamos aquí.
En ese aceite, vamos a freír las tajadas de conejo, que conviene que pidamos en trozos pequeños cuando vayamos a comprarlo para que no queden resecas, una vez sazonadas y pasadas ligeramente por harina para conseguir una costra crujiente. Hay que tomarse el tiempo necesario para conseguir que las tajadas se doren y así queden bien cocinadas. Para hacerlo, es preferible trabajar a fuego vivo o potente, para que se produzca la caramelización de la superficie de las tajadas.
Cuando el conejo tiene un bonito color dorado, añadimos el zumo de medio limón y el vino, meneando la cacerola con movimientos circulares agarrando las asas, para que la salsa se ligue gracias a la harina y a la evaporación del líquido, continuando hasta que nos quede perfecta. Así conseguimos rebajar la potencia del sabor del conejo y al mismo tiempo crear una salsa cremosita.
Preparamos una guarnición de patatas fritas, patatas a lo pobre o nuestra guarnición especial de hortalias al horno para acompañar todo tipo de recetas de carne y servimos mientras el conejo al ajillo aún esté bien caliente, para disfrute de los comensales. El sabor intenso del conejo y lo limpia y blanca que tiene la carne, harán las delicias de todos. (Y preparad pan para la salsa que está de miedo).

Con qué acompañar la receta de conejo al ajillo
Debido al tamaño de las tajadas y a la existencia de huesecillos, es habitual que cuando se come la receta de conejo al ajillo se utilicen las manos para poder rebañar bien la carne. Con una guarnición de patatas a lo pobre, no os hará falta más para trasladaros a vuestra infancia y comer de nuevo un plato de aquellos que se recuerdan para siempre.
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