Con cuatro ingredientes tienes una receta infalible, barata y muy de temporada
Debo reconocer que siento cierta predilección por las recetas con huevo: tortillas, revueltos, fritos, cocidos… Las alternativas que los huevos nos permiten en nuestro día a día para acabar disfrutando de un plato muy sencillo, muy sabroso y muy barato son casi infinitas.
Y cuando llega la primavera, además, me gusta bastante dejarme caer en la tentación y no librarme del mal —bendito mal— que supone coger un buen manojo de espárragos verdes y acompañarlos con un huevo escalfado.
A menudo caemos en el tópico de, cuando preparamos espárragos trigueros, limitarnos a cocinarlos a la plancha o a hacer simplemente una crema con ellos. Pero hace tiempo vi esta receta de mi compañera Liliana Fuchs y creo que es una de las mejores maneras de comer huevo y espárragos de una forma limpia, sana y ligera, que puedes llevarte a la boca en cualquier momento de la primavera para esta ensalada templada de espárragos verdes.
Aquí, como veis, nos ahorramos manchar de más con el horno y tampoco tenemos que estar llenando la cocina de aroma a plancha con los espárragos. Nos vamos a limitar a cortar los espárragos, quitando su parte leñosa y partiéndolos en dos trozos, para llevarlos a agua en ebullición durante un par de minutos, simplemente blanqueándolos.
Después, los escurrimos automáticamente y los enfriamos en agua con hielo. Si no tenéis hielo, bastaría con que hayáis metido un bol con agua en el congelador unos minutos antes.
Cuando ya estén fríos, separáis las yemas de los espárragos y cortáis cada tallo a lo largo en dos o tres cintas largas. Las podéis repartir en un par de platos con una forma un poquito redondeada, como si fuera un nido, que queda bastante estético. Aparte, cortad los rabanitos que tengáis en láminas finas y también en medias lunas, repartiéndolos por los dos platos.
Mientras tanto, preparáis el aliño, que en esta ocasión no es más que una vinagreta con el zumo de medio limón, una cucharadita de mostaza, vinagre y aceite de oliva. Cuando los espárragos ya estén emplatados, solo queda preparar los huevos poché, utilizando agua hirviendo y cociéndolos como máximo unos cuatro minutos para garantizar que la yema quede fluida.
Tras este gesto, escurrís los huevos, los colocáis sobre los espárragos, salpimentáis, aliñáis y añadís un poquito de ralladura de limón y perejil picado para coronar la jugada. Una receta tan fácil, rápida y sabrosa como primaveral.
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