No, no todas las espirulinas son iguales, y la diferencia está en su forma de producción para que sea una pasta
La espirulina, conocida por su inmenso valor nutricional, enfrenta un desafío común: su sabor, que para muchos puede resultar intenso o amargo. Conscientes de esto, la empresa española Blauver se propuso revolucionar su consumo, apostando por un producto fresco y de alta calidad que, además, fuera agradable al paladar.
A diferencia de la espirulina en polvo que todos conocemos, su propuesta se centra en una espirulina fresca, viva y en forma de pasta. Esta no es solo una diferencia de formato; es la clave para una experiencia de sabor y nutrición totalmente nueva.
La espirulina fresca es la forma más pura de consumir este producto. Al no pasar por un proceso de deshidratación, la espirulina fresca conserva intactas sus propiedades nutricionales. Mantiene sus enzimas, antioxidantes y la mayoría de sus vitaminas (A, B, C, E) y minerales (hierro, magnesio, calcio) en un estado más bioactivo y asimilable para el organismo. Además, esto le confiere un sabor mucho más suave y neutro, sin el regusto amargo o a "pescado" que a menudo la caracteriza.
Y por si las propiedades no fueran suficientes, el potencial de la espirulina ha sido reconocido a nivel internacional. En la Conferencia Mundial de la Alimentación de las Naciones Unidas de 1974, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la destacó como "el alimento del futuro" por su increíble perfil nutricional y su potencial para combatir la desnutrición en todo el mundo. Este aval histórico refuerza la idea de que la espirulina no es solo una moda, sino un alimento con un impacto real.
El compromiso de la empresa nace de la inquietud personal de su fundador, Joan, quien comenzó este proyecto enseñando a la gente a cultivar espirulina en el hogar. Años después, Blauver formalizó esta visión, cultivando su espirulina de forma local en balsas ubicadas en Almacelles, Lleida. En este entorno, utilizan agua pura de los Pirineos, un factor crucial que influye directamente en la calidad y el sabor del producto final.
Gracias a su sabor suave, la espirulina fresca se adapta fácilmente a la cocina diaria. Se puede mezclar en zumos, batidos y yogures hasta obtener una mezcla homogénea y de color verde. De manera opcional, se puede endulzar con miel y acompañar con frutas, granola o semillas de chía. E incluso la espirulina se puede sumar en salsas como el pesto y el guacamole. La única recomendación es no calentarla ni cocinarla para preservar todas sus propiedades.
Con el objetivo de hacer la espirulina más atractiva, Blauver ideó una propuesta audaz y original: fusionarla con cacao. Han creado unos bombones que fusionan nutrición y placer de forma magistral. Llevan cacao Bean to Bar del Perú, mantequilla de cacao, espirulina, almendra, dátiles y un corazón de avellana.
Están diseñados como una experiencia completa. Con un tamaño acorde para no empalagar ni dejar con ganas de más, hay una armonía lograda entre el sutil sabor de la espirulina fresca y la intensidad del cacao. La base, compuesta por mantequilla de cacao y dátiles, es inmejorable y sirve de lienzo para construir la combinación de sabores. Personalmente, me gustan fríos, después de unos 30 minutos en la nevera donde el chocolate bien frio tiene una textura firme que disuelve en la boca. Aunque el sabor y textura son igualmente placenteros a temperatura ambiente.
Por su composición nutricional, son justos para distintos momentos del día. Ya sea como snack de media mañana o media tarde, gracias a su combinación de proteínas, grasas saludables (de la mantequilla de cacao, almendras y avellanas) y carbohidratos (de los dátiles). Mismo, para antes o después del ejercicio físico sea para tener un extra de energía o para ayudar a reponer fuerzas, la espirulina ayuda a la recuperación muscular.
También para acompañar un café o una infusión caliente. En realidad, no hay un momento incorrecto para consumirlos. Son una forma original de incorporar los beneficios de la espirulina en el día, sin complicaciones.
La creatividad de Blauver no se detiene en el mundo dulce. La marca explora las múltiples posibilidades de la espirulina en el universo salado con una gama de productos igualmente sorprendentes. Por ejemplo, un queso de cabra con espirulina o una sal del Pirineo impregnada con esta microalga fresca. También han creado un topping versátil llamado Crunchy Espirulina, ideal para ensaladas, sopas o patés, elaborado a partir de espirulina deshidratada a baja temperatura (<40ºC) en forma de pequeños fideos. Incluso han colaborado en una cerveza IPA de edición especial, que se distingue por un peculiar color azul.
Todos estos productos, junto a su formato estrella de espirulina fresca en pasta, se comercializa en sobre plásticos congelables. Con cajas de 7 o 30 unidades, esta presentación confirma la búsqueda de Blauver: introducir la espiurlina en la rutina diaria de manera innovadora, deliciosa y sobre todo, sencilla.
Imagen | Blauver
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