
El truco es utilizar las semillas de sésamo en dos formas: pasta y aceite
Esta es una de mis combinaciones ganadoras para el día a día porque lo tiene todo: es facilísima de preparar, está llena de sabor y resulta de lo más nutritiva. Me gusta por su aporte proteico y porque es una forma de sumar una buena dosis de calcio casi sin darme cuenta. Para lograrlo, potencio las propiedades del sésamo usándolo en dos versiones distintas: en la base de la salsa mediante la pasta de tahini y como remate final con un hilo de aceite de sésamo.
Además, es adaptable: según el hambre que tenga ese día, la complemento con una base de hojas verdes para hacerla más ligera o con una porción de algún cereal para convertirla en un plato aún más contundente.
Encender el horno a 180 ºC.
En un recipiente pequeño, mezclar la pasta de tahini con el zumo de limón, la salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. Incorporar el agua caliente y remover con energía. Al principio parecerá que se corta, pero en pocos segundos se transforma en una salsa cremosa con un color blanquecino.
En una fuente apta para el horno, colocar los garbanzos cocidos en el centro, rodeándolos con la zanahoria cortada en rodajas finas y la cebolla de verdeo picada. Espolvorear por encima los condimentos: el pimentón dulce, el jengibre en polvo, el orégano seco, la sal y la pimienta. Sumar dos cucharadas de aceite de oliva y con una cuchara o las manos revolver para unificar todo.
Llevar al horno por 30 minutos, con la atención de revolver a mitad del tiempo de cocción. Una vez listo y fuera del calor, verter la salsa cremosa de tahini para que quede todo bien cubierto e integrado. Terminar con pimienta negra y un hilo de aceite de sésamo por encima.
Con qué acompañar la ensalada templada
Es una combinación tan sabrosa por sí sola que no necesita mucho más: unas crackers de semillas al lado y no le hace falta nada más.
En DAP | Ensalada de garbanzos agridulce
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