Se pueden preparar ensaladas, bonitas, ricas y sanas sin que tengas que ser 'food stylish'
Vivimos tiempos convulsos, eso no se puede negar. Como tampoco se puede negar que, si llegas a casa de tu madre —o de tu abuela— y te pones a hacer fotos de la comida nada más aterrizar el plato en la mesa, lo mismo está pensando que te estás quedando más tonto de lo que ya apuntabas hace 20 o 30 años. Los tiempos han cambiado.
No me voy a aventurar a decir si para bien o para mal, pero sí está claro que cada vez nos importa más el aspecto de lo que comemos, no solo que esté bueno o que sea sano. No sé si es un error, si será algo pasajero y, cuando nos cansemos de tanta tendencia, volveremos al “feísmo” gastronómico… o si esto ya se queda con nosotros.
Lo que sí sé es que, de vez en cuando, aparecen recetas que unen lo mejor de los dos mundos: están ricas, son razonablemente sanas y encima tienen un aspecto estupendo. Justo lo que pasa con esta ensalada de aguacate, fresa y mozzarella, con la que resuelves un primer plato sin complicarte la vida, sin dejarte un pastón y, de paso, aprovechando que todavía hay fresas a buen precio en las tiendas.
Ciencia, evidentemente, no tiene, más allá de ponerle un poco de mimo a los ingredientes. Aquí las estrellas del baile son las fresas, la mozzarella en perlas y el aguacate. Para darle un punto más gracioso, sumamos unos piñones tostados y, como base, lechuga y un poco de rúcula.
Empieza preparando las hojas de lechuga: lávalas bien, escúrrelas, sécalas y retira la parte más dura para quedarte solo con lo tierno. Reparte la lechuga en los platos y añade un puñado de rúcula por encima.
Aparte, prepara una vinagreta sencilla con aceite, vinagre, miel, sal y pimienta. Mézclalo todo bien y aliña las hojas justo antes de montar la ensalada, para que no se mustien.
Lava las fresas, retira el rabito y córtalas en cuartos. Escurre las bolitas de mozzarella y, si quieres que se repartan mejor, córtalas por la mitad. En una sartén pequeña tuesta los piñones a fuego medio, sin perderlos de vista: en cuanto se pasan, amargan y ya no hay quien los arregle.
Corta el aguacate a lo largo, quita el hueso y lamínalo. Colócalo en el centro del plato, sobre la rúcula, y a los lados ve poniendo las fresas y la mozzarella. Añade también unos arándanos, que le dan un toque ácido que le sienta de maravilla, y remata con los piñones tostados por encima. Fácil, limpio, sano, barato y, encima, está buenísimo.
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