Resuelves un desayuno, una comida o una cena y sin pasar horas en la cocina: el festival de proteínas con el que además ahorras

tortilla

Huevos, sal y queso es la fórmula mágica 

Inés Vazquez Noya

Editor

La tortilla de queso es el comodín perfecto para resolver un almuerzo o una cena rápida en cuestión de minutos, sin complicarse en la cocina. Con unos pocos ingredientes básicos que seguro ya tenés en la heladera como huevo, queso y una pizca de sal, preparas un plato de textura suave y muy jugosa.

El gran secreto está en la cremosidad del queso derretido en su interior, que contrasta con el dorado exterior del huevo. Para lograr esa consistencia casi cremosa y evitar que el huevo se seque, el truco está en el control de la temperatura. Cocinar la mezcla a fuego medio-bajo permite que el queso se funda uniformemente en el centro mientras la base de huevo cuaja despacio, manteniendo toda su jugosidad. 

Para potenciarlo, lo ideal es acompañarla con una guarnición fresca: unas rodajas de tomate jugoso junto a unos brotes o una ensalada de lechuga, maíz dulce y manzana que le aportan ese toque crujiente tan necesario.

Además, es una base que fácilmente se puede personalizar: se le puede añadir un toque de pimienta negra recién molida, hierbas frescas como orégano o ciboulette e incluso combinar diferentes variedades de queso más curados o saborizados para intensificar el sabor.

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