En Sevilla es una tapa de bar, pero en tu casa puede ser una cena fácil, rápida y saludable

El secreto de unos buenos garbanzos con espinacas es el majado, que da todo el sabor a esta plato tan humilde como delicioso

Miguel Ayuso Rejas

Director

Los garbanzos con espinacas al estilo sevillano son muy comunes en las barras de la región, pero también en las casas, donde pueden protagonizar perfectamente una comida o cena rápida. 

La magia de este plato reside en el majado, ese aliño que le da su textura y sabor característico. Hay quien mete más cosas, pero bastan cuatro ingredientes, además de los garbanzos y las espinacas, para triunfar.

Debéis empezar salteando un par de ajos y unas rebanadas de pan del día anterior en un buen chorro de aceite de oliva virgen extra hasta que estén dorados y crujientes. Ese pan frito, junto con los ajos, se machaca bien en el mortero con un poco de comino —el alma del plato— y un chorreón de vinagre de Jerez, que es lo que le da esa chispa tan necesaria. 

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Mientras tanto, en la misma sartén, solo tenéis que integrar unos garbanzos de bote bien lavados y escurridos con unas espinacas que apenas necesiten un par de minutos para bajar su volumen. Al añadir el majado y un poco de pimentón, todo se amalgama en una salsa trabada y densa que huele a gloria bendita y que está lista antes de que hayáis terminado de poner la mesa.

A nivel nutricional, esta es una cena completa, con un perfil calórico muy equilibrado si no os pasáis de la raya con el pan frito. Además, si hacéis de más, es un plato que aguanta súper bien para llevar de táper al curro o comer en dos o tres días. 

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