Un estudio aborda cómo impactan los cambios en el estilo de vida y factores ambientales concretos en el desarrollo de cáncer colorrectal de inicio temprano
La incidencia de cáncer colorrectal en la población menor de 50 años está aumentando a nivel mundial en cifras que preocupan a la comunidad científica. Ya sabemos que detrás de ese aumento puede estar el cambio de hábitos, concretamente en la dieta, pero un equipo de investigadores apunta a otro factor clave más que tiene que ver con el ambiente en el que vivimos, y a las sustancias a las que estamos expuestos.
Un nuevo estudio desarrollado por el Grupo de Biología Computacional del Cáncer del Instituto de Oncología Vall d’Hebron (VHIO) aborda cómo los factores ambientales pueden afectar en el desarrollo del cáncer a través de firmas epigenéticas. El trabajo presenta una metodología novedosa, usando los patrones de metilación del ADN tumoral para rastrear exposiciones ambientales pasadas, que ha permitido identificar un pesticida específico como posible factor de riesgo.
Concretamente se trata del picloram, un herbicida de uso extendido en todo el mundo cuya exposición a largo plazo, según los resultados del trabajo publicado hoy en Nature Medicine, podría afectar al ADN celular, alterando la regulación epigenética, desactivando genes que normalmente inhiben los tumores o activando genes que favorecen el crecimiento del cáncer.
En opinión de Robin Mesnage, investigador visitante del King’s College de Londres (Reino Unido) y voz experta consultada por SMC España, el trabajo es efectivamente innovador y utiliza análisis minuciosos con gran valor científico. Pero cuestiona la validez de los resultados para poder sacar conclusiones directas sobre los supuestos efectos de los fitosanitarios en el organismo.
“Una cosa es realizar un brillante estudio científico y otra muy distinta es que este tenga el peso suficiente como para cambiar la evaluación de riesgos de los plaguicidas”, advierte Mesnage. “Este estudio muestra asociaciones, no causalidad [...]. La señal para el picloram es interesante, pero la exposición no se midió directamente en los sujetos. Por lo tanto, no podemos concluir que el picloram cause estos cánceres”.
Mesnage señala, además que hasta ahora no se ha podido demostrar en las pruebas regulatorias que este herbicida tenga propiedades carcinógenas, pero sí sabemos que podría estar contaminado con otras sustancias que sí lo son, como el hexaclorobenceno. Por tanto, considera que habría que tener en cuenta que los efectos observados por los investigadores pudieran deberse a esa contaminación, y no al herbicida por sí mismo.
Según Mesnage, el estudio plantea una hipótesis interesante que abre una puerta a nuevas investigaciones. “ No obstante, se necesita más trabajo, concretamente con datos de exposición directa y diseños longitudinales, antes de establecer afirmaciones causales”, concluye.
Imagen | Grupo de Biología Computacional del Cáncer del VHIO
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