
Según un nuevo estudio, limitar las comidas a un intervalo de nueve horas puede ayudar a evitar el deterioro cognitivo en la vejez
Mantener una dieta saludable y evitar la obesidad cobra mayor importancia en las personas mayores a la hora de retrasar el deterioro cognitivo asociado a la vejez. Sin embargo, elegir qué comer podría no ser solo lo más importante, sino también cuándo se ingieren los alimentos. Y la clave parece estar en la restricción de horarios.
Un estudio presentado por investigadores de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey (Estados Unidos) sugiere que limitar la toma de alimentos a un intervalo de nueve horas puede ayudar a proteger las capacidades cognitivas en la vejez, evitando además comer a altas horas de la noche o pocas horas antes de acostarse. Llevar estos hábitos alimentarios a partir de los 50 años, junto con mantener una dieta saludable que evite el sobrepeso, podría así reducir considerablemente el riesgo de demencia y otras patologías asociadas.
El trabajo es limitado y se encuentra aún en una fase preliminar, pero los investigadores son optimistas respecto a sus resultados. De confirmarse con estudios más amplios, los profesionales sanitarios tendrían una valiosa herramienta para tratar y guiar a sus pacientes para proporcionar un envejecimiento más saludable, combatiéndose así una de las causas de muerte más comunes en la tercera edad a nivel mundial.
El desarrollo de demencia y la pérdida de capacidades cognitivas puede evitarse o ralentizarse con simples cambios en los hábitos de vida, siendo la alimentación uno de los más importantes. La pérdida de peso en personas con obesidad y mantener una correcta nutrición con restricción calórica en su caso ya tiene efectos positivos a la hora de mantener las principales funciones mentales, pero, como apunta en The Guardian la investigadora Sue Shapses, profesora en la menciona universidad, podría haber “beneficios adicionales” para quienes coman fuera de un intervalo de ocho a nueve horas y dejen de comer cuatro horas antes de acostarse.
El trabajo, presentado en el congreso anual de la Sociedad Americana de Nutrición celebrado estos días en Maryland, sugiere que esa restricción horaria podría mejorar la capacidad para recordar información básica para hacer tareas cotidianas, así como reducir los errores relacionados con la memoria, la atención y la resolución de problemas.
Ahora, los científicos quieren ahondar más en comprender por qué el cuándo comemos puede ser tan importante en la salud como el qué. Los expertos apuntan a una interacción entre los ritmos circadianos, el metabolismo y la inflamación, y señalan que ya hay estudios que vincular el alargar el ayuno nocturno con beneficios para la salud cerebral, además de utilizarse como herramienta para adelgazar.
Además, evitar comidas copiosas en las horas previas a acostarse o en plena noche tiene efectos positivos en el control de la glucemia, la función vascular y la inflamación crónica.
Referencia
Brandon D. McGuire et al. Time-Restricted Eating and Caloric Restriction Influences Cognition in Older Women: A Randomized Controlled Trial.
Imágenes | Magnific/gpointstudio
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