Francia ha recomendado a sus ciudadanos que limiten el consumo de soja: qué tiene de malo

En Francia se recomienda limitar su consumo, paradójicamente, por sus beneficiosas isoflavonas

Gabriela Gottau

Editor

Hace unos pocos meses, a fines de marzo de 2025, la Agencia Nacional de Seguridad y Salud Alimentaria, Ambiental y Laboral francesa (ANSES), publicó un informe sobre el consumo de soja y sus derivados, recomendando en el mismo a las autoridades sanitarias del país que se limite la oferta de productos a base de soja en comedores escolares, en residencias de personas mayores y otros colectivos similares. En este sentido, nos preguntamos: ¿es mala la soja? Te mostramos lo que dice la ciencia y cuánta razón tiene el veto francés al respecto. 

La soja y sus isoflavonas 

Las isoflavonas pertenecen al grupo de los flavonoides, esos compuestos fenólicos que tienen una acción antiinflamatoria y antioxidante en nuestro organismo, y son paradójicamente, la razón por la cual se ha vetado el consumo de soja en Francia

Esto es así debido a que las isoflavonas son sustancias vegetales naturales presentes en esta legumbre, que poseen una estructura similar a la de los estrógenos u hormonas femeninas. Por esta razón, se los denomina fitoestrógenos y se cree que un exceso de isoflavonas en la dieta puede aumentar así como bloquear o interferir en la función de los estrógenos en nuestro organismo. 

El veto francés es el primero en establecer un límite para la presencia de isoflavonas en la dieta, y ha fijado una dosis máxima recomendable de 0,02 mg de isoflavonas por kilo de peso corporal en la población general y 0,01 mg por kilo en poblaciones sensibles o vulnerables, como niños que no hayan alcanzado la pubertad o mujeres en edad fértil (estén o no embarazadas). 

Un consumo que no supere las cantidades antes dichas de isoflavonas es seguro para el organismo según la ANSES, y estos límites y recomendaciones se justifican por la posible alteración de la función de los estrógenos en nuestro cuerpo que además va acompañado de encuestas alimentarias que revelan que una gran cantidad de franceses consumen productos a base de soja superando los límites establecidos.

En concreto, los datos revelan que consumen elevadas proporciones de soja el 76% de los niños de 3 a 5 años, el 53% de las niñas entre 11 y 17 años, y el 47% de los hombres y mujeres de 18 o más. De allí la recomendación de limitar su ingesta a dosis seguras para el organismo.

Lo que dice la ciencia sobre la soja

El veto francés, fundamentado en el alto consumo de soja de la población, se debe a que esta legumbre es por lejos, el alimento vegetal que más isoflavonas puede tener, y las mismas en determinados estudios, han mostrado tener naturalmente un efecto de disruptor endocrino en nuestro organismo, especialmente si se consumen en elevadas proporciones y en grupos vulnerables, como por ejemplo niños muy pequeños o preadolescentes. 

Por otro lado, se teme la influencia negativa del consumo de soja sobre la función metabólica, ya que las isoflavonas podrían afectar no sólo la actividad de hormonas reproductivas sino también de hormonas tiroideas. 

Sin embargo, una revisión de diferentes estudios ha concluido que la suplementación con soja no tiene efecto sobre las hormonas tiroideas y sólo eleva muy ligeramente los niveles de TSH, por lo que no está clara la importancia clínica del consumo de soja sobre las hormonas de la glándula tiroides. 

Por otro lado, también un metaanálisis ha concluido que independientemente de la dosis y de la duración de los estudios, ni la exposición a la proteína de soja ni a las isoflavonas afecta los niveles de hormonas reproductivas en hombres, habiéndose medido testosterona libre, testosterona total, estradiol y otras hormonas sexuales del organismo humano.

Sólo existe un único caso clínico reportado de evidencia rara e inusual que muestra que ingestas extremas, de alrededor de 3 litros de leche de soja por día, lo que equivale a 361 mg de isoflavonas diarios, favoreció el desarrollo de ginecomastia en un hombre de 60 años, disminución de la libido y disfunción eréctil. Pero como hemos dicho, sólo existe este caso clínico reportado, en el cual se revirtió rápidamente su condición al eliminar la leche de soja de su dieta.

El gran lado positivo de la soja

En el informe de la ANSES en el cual se desestima el consumo de soja para no superar el máximo de isoflavonas, por supuesto, no se menciona el gran lado positivo de la ingesta de soja sobre la salud.

Además de los estudios que ponen en evidencia posibles efectos adversos del consumo de soja cuando se ingiere en grandes cantidades, existen múltiples investigaciones que muestran que el consumo de alimentos a base de soja es seguro y con frecuencia se asocia a beneficios.

Así, hay estudios que constatan una asociación entre la ingesta de flavonoides de la soja y una reducción de la incidencia de cáncer, como así también hay investigaciones que atribuyen a las isoflavonas una reducción del riesgo cardiovascular, beneficios a nivel cognitivo y disminución de síntomas durante la menopausia, por lo que la ciencia tiende a mostrar más beneficios que riesgos asociados al consumo de soja y sus compuestos fenólicos,

Por otro lado, los efectos negativos documentados en los humanos son casos generalmente aislados y ante consumos muy elevados o extremos, por lo que en la dosis está la clave del consumo de soja. Es decir, la soja no es mala en sí para la salud, sino que ingestas diarias normales muestran incluso muchos beneficios para el organismo, sin riesgos claros asociados. 

A diferencia de Estados Unidos, en los países de la Unión Europea las cuestiones relativas a seguridad alimentaria se basan en el principio de precaución, es decir que se adelantan a los posibles riesgos sin la necesidad de que estos se hayan materializados, y proponen límites y regulaciones, así como generan recomendaciones sin haber existido daño concreto; mientras que en Estados Unidos se rigen más por el principio de prueba del daño, es decir que hay que probar que algo es peligroso o dañino para después regular su consumo o uso. 

Por todo esto, el veto francés sólo viene advertir acerca de los posibles riesgos de un consumo excesivo de soja, o más bien de isoflavonas en el organismo humano, pero debemos saber que la soja no es mala sino que en la dosis está la clave, ya que este compuesto fenólico en proporciones adecuadas puede ofrecer grandes beneficios al organismo. 

Sin duda, como con todos los alimentos, hacer un consumo moderado de soja puede ser especialmente beneficioso, y esto es lo que tiene en claro la ciencia, habiendo reportado únicamente alteraciones o efectos adversos ante ingestas muy elevadas. Por lo tanto, nuevamente, en la cantidad ingerida está la clave para proteger al organismo con una dieta variada y de calidad.

Referencias

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