
El hasta ahora propietario del familiar bar La Viña, en San Sebastián, pasa el testigo a sus hijos y a su socio de toda la vida
Puede que su nombre no será tan recordado como el de otras grandes figuras de la gastronomía, pero la gran creación de Santiago Rivera, del bar La Viña, sí ha conquistado ya el mundo. Sin haberlo pretendido cuando dio con la receta perfecta, allá por los años 90, la tarta de queso de La Viña es el gran legado que este hostelero deja en San Sebastián y para todo el planeta. Ahora, tras casi 40 años de trabajo, se jubila.
Eso no significa ni mucho menos el fin de La Viña, convertido en toda una atracción turística más y lugar de peregrinación en la Parte Vieja de la ciudad. Una fama inesperada que ha dado una nueva dimensión a este local de toda la vida, de tradición familiar, donde se juntan los clientes de barrio en busca de un pintxo y los turistas ávidos por probar la genuina basque cheesecake.
Con 65 años y un negocio que va viento en popa, Rivera se marcha dejando al frente a sus dos hijos y a Mikel Castellanos, encargado del restaurante y su socio desde hace tres décadas. Según ha declarado en una entrevista a El Diario Vasco, Rivera se marcha sin pena ni nostalgia, satisfecho al echar la vista atrás y repasar su trayectoria. “Hemos atendido bien a todo el mundo, hemos pagado las facturas y sacado adelante a los hijos. Las cosas han salido bien... es la hora”, afirma.
La Viña nació como un humilde bar de barrio en 1959 de la mano de sus padres y sus tíos, Eladio Rivera y Carmen Jiménez, y sus tíos, Antonio Rivera y Conchi Hernáez, como negocio de supervivencia. Sin más pretensiones que ser un vehículo para que la familia pudiera ganarse la vida, sirviendo, al principio, principalmente vino a los trabajadores de la zona.
Cuando Rivera tomó las riendas del negocio tuvo claro que tendría que aprender a cocinar para sacarlo adelante, y así fue como empezó a experimentar con recetas y elaboraciones que le llevarían, en última instancia, a dar con la receta definitiva de un postre que haría historia. Desde que en 2020 fue declarada como 'sabor del año' por The New York Times, la fama de su tarta de queso no ha hecho más que multiplicarse por todo el globo, y copiada y versionada hasta la saciedad.
Rivera no ve con malos ojos todas las imitaciones que su tarta de queso ha generado, creando una moda de pasteles sin base y ultra cremosos que parece resistirse a morir. Tenía claro desde el principio que la cocina debe compartirse, y nunca quiso que la tarta de La Viña fuera un secreto exclusivo. Aún así, el bar sigue generando colas cada día del año; tal es la demanda, que abrieron un obrador en exclusiva para las tartas hace un par de años.
Y con la sensación de haber hecho las cosas bien pone fin Santiago Rivera a casi 40 años de oficio tras la barra, sabiendo que deja el negocio en buenas manos y satisfecho de que su mayor creación siga hoy más viva que nunca. Ahora, según ha confesado, se dedicará a hacer todo lo que hasta ahora no podía, como dar paseos, salir en barco o viajar. Disfrutar de la vida de jubilado.
Imágenes | Instagram/jacquisfoodfetish/David Lebovitz
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