
A los pies del Segre, Balaguer presume de historia y de ser la patria chica de uno de los reyes de Aragón más importantes
No todo el mundo sabe que hay un río en España que tiene una larga trayectoria como mina, pero así sucede con el río Segre que, a su paso por la localidad ilerdense de Balaguer, sorprende con una de las escapadas más singulares de Cataluña: el Oro del Segre.
Considerado uno de los pocos ríos auríferos del Viejo Continente, el río Segre ya se conocía en tiempos romanos por la presencia de oro aluvial en su cauce. De hecho, en la Cerdanya, hay un yacimiento arqueológico que atestigua la presencia de minería de oro en les Guilleteres d'All, de donde se extraía el preciado mineral hace más de 2.000 años.
Aunque tras el declive del imperio Romano, la minería aluvial en el Segre decayó, siguió siendo una pequeña fuente de ingresos durante la Edad Media, si bien las cantidades encontradas eran muy pequeñas, aunque más que en la actualidad, pues el río sigue bajando oro, pero en cantidades diminutas –casi purpurina–, pero aún así se ha convertido en una zona de primera para que en localidades como Balaguer se reúnan curiosos y aficionados al bateo de oro y eso es, precisamente, lo que sirve como reclamo turístico en el Oro del Segre.
Sin embargo, a Balaguer no se viene solo por el brillo dorado de sus aguas, sino también para enredarse en una localidad de alma medieval cargada de historia, de murallas y de una de las iglesias más impresionantes de la provincia de Lleida.
Balaguer fue la patria chica del rey Pedro IV el Ceremonioso, cuyo reinado fue el segundo más largo en el Reino de Aragón, solo por detrás de los más de 60 años de Jaime I el Conquistador. Aquí nació Pedro IV y, por ejemplo, aquí dejó uno de sus grandes legados arquitectónicos, la Iglesia de Santa María, una de las iglesias góticas más singulares de la provincia, y en cuyo reinado la localidad floreció.
Amplísima, de una sola nave pero con bóvedas estrellas y un curioso ábside heptagonal, Lo Campanar –como se conoce popularmente la iglesia– es, también, sede de una exposición de arte sacro y su campanario (de ahí el apodo) preside la localidad con su torreón de 37 metros de altura, convirtiéndose en el rascacielos de Balaguer.
A su vera, la antigua muralla gótica, de la que quedan notables restos, da testimonio de cómo Balaguer fue un lugar fundamental para entender el trasiego medieval en la provincia de Lleida, pues no sería reconquistada la localidad hasta el año 1105, habiendo permanecido en manos andalusíes hasta esa fecha.
También presume Balaguer de tener la plaza porticada más grande de Cataluña, donde se celebra el mercado semanal de los sábados, y cuyos arcos, entre porches y fachadas, convierten este espacio en una de las panorámicas más recurrentes de la tercera localidad más poblada de toda Lleida, con algo más de 17.000 habitantes.
Imágenes | Balaguer
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