Construido en piedra con calles que se extienden por la ladera de una colina, Gósol recibe al visitante igual que lo lleva haciendo desde hace muchas décadas, ajeno a los trasiegos del mundo. Su privilegiada situación, a más de 1.400 metros de altitud y enmarcado por la sierra del Cadí, esta villa milenaria sigue cautivando a los amantes de la naturaleza, del deporte al aire libre, de la historia y también del arte, pues no en vano un joven Picasso pintó aquí algunas de sus obras más emblemáticas.
Es el único municipio de la comarca del Bergadá, en la provincia de Lleida, y a pesar de las dificultades que impone su orografía, los hallazgos arqueológicos indican que la zona ya estaba habitada en el Neolítico, con pequeños grupos de población dispersos que terminarían por concentrarse en un mismo núcleo en tiempos medievales. Como testigo de aquella época permanece el imponente castillo del XI, que, pese a estar hoy en ruinas, sigue dominando el paisaje y parece cuidar de Gósol desde las alturas.
Hoy Gósol cuenta con poco más de 200 habitantes censados, pero son muchos los visitantes que acuden o pasan por el pueblo a lo largo de todo el año, sin llegar a producirse las masificaciones de otras poblaciones más turísticas de la zona pirenaica. Su gran atractivo es, sin duda, su situación, alejada del mundo urbano, rodeada de unos paisajes de gran belleza con recursos naturales que lo han convertido en una de las grandes mecas del senderismo, la bicicleta y el montañismo de toda Catalunya.
El pueblo además esconde un secreto muy particular, y es que fue refugio de un joven Pablo Picasso cuando apenas contaba con nos 25 años. El artista malagueño pasó casi tres meses viviendo en Gósol entre la primavera y el verano de 1906, escapando de una crisis creativa que le había forzado a dejar París. El pintor llegó a lomos de una mula junto a su compañera Fernande Olivier, y en este pueblo encontró la inspiración renovada que necesitaba, dejando una prolífica lista de obras.
El pueblo recuerda su paso por la localidad a través de varios hitos; además de rebautizar una calle en su nombre, es visita una imprescindible el Centro Picasso, así como la ruta homónima que sigue sus pasos por el pueblo, y el camino de senderismo que lleva al visitante a explorar los terrenos naturales del entorno. En el propio pueblo y sus alrededores se pueden visitar varias iglesias y ermitas de piedra, así como las ruinas de la fortaleza y el pueblo antiguo con sus murallas.
Gósol es un buen punto de partida para aprovechar el buen tiempo y sacar la bicicleta para explorar los numerosos senderos y rutas de todos los niveles que recorren la sierra del Cadí, con la popular ascensión al Pedraforca como gran reclamo. Sin duda será un lugar especialmente atractivo para los cicloturistas más experimentados que se atrevan con puertos de montaña algo más exigentes, como el Coll de Josa.
Destacan también varias áreas de esparcimiento bien acondicionadas, con algunos saltos de agua entre bosques y praderas. Además de algunos hostales con restaurantes de cocina local, en el suroeste de la villa hay un camping muy agradable en primavera y verano.
Imágenes | Flickr/Jorge Franganillo/Joan