Héctor Roca toca la batería en un grupo que hace versiones de Police y otras bandas puretas, pero es más conocido en Benicarló (Castelló) como el cocinero de Trángol, uno de esos restaurantes que funcionan sin necesidad de prensa o visitas de las guías. Aunque, desde hace dos años, tiene un solete de la Guía Repsol, el boca a boca basta para llenar un comedor que cumple con la máxima del “bueno, bonito y barato”.
Aunque siempre le había gustado la cocina, Roca iba para músico. Pero tras finalizar sus estudios en el conservatorio en Francia–y bregar en la noble profesión de interprete de orquesta–, tuvo una premonición: “En mi pueblo hay una escuela de cocina y no me había planteado ir, pero, justo cuando acabo el conservatorio y estoy recogiendo en casa para irme, en la mochila me encuentro un folleto publicitario del próximo curso. Yo no sé cómo había llegado ahí, pero cuando lo vi lo tuve claro: tenía una cosa ahí dentro que no paraba”.
Al volver a Benicarló, se matriculó en la escuela de cocina y, tras pasar por varios restaurantes –entre ellos el cercano estrella Michelin Les Moles, de Ulldecona–, se juntó con su cuñado para abrir un restaurante.
“Pedimos dinero a los padres y empezamos a buscar locales y esto también fue muy fuerte, de verdad que me pasó”, anticipa Roca. “El último sitio en el que trabajé, un bar del pueblo que tiraba muchas tapas, se hizo bastante famoso. Salía de ese bar, y en la barra había sentado un chaval y me da un papelito, pero como en las películas, me lo guardo, vengo a casa, lo abro y me veo un número de teléfono y un nombre: Santiago. Y me dice el pavo que si quería montar un restaurante, que viera un local. Cuando lo vi tenía claro que era este. No sé quién me lo trajo, pero me lo trajo”.
Imposible hacer unas croquetas de alcachofa tan sabrosas como estas.
Un restaurante que no falla
Situado en un lugar céntrico del pueblo, con vistas a un parque urbano, Trángol, que así bautizo Roca al restaurante, fue un éxito inmediato nada más abrir, hace ya 13 años. “No sé si me ha tocado una varita mágica o qué, pero creo que cuando alguien se compromete 100% algo o alguien le tira un cable”, explica el cocinero. “He trabajado al máximo rendimiento hasta el día de hoy, solo he tenido bajón en el covid. A mí me viene muchísima gente recomendada”.
No es para menos, y es que Trángol es un restaurante que aúna una interesante carta de producto, un menú degustación con cocina creativa y unos arroces que son el mayor reclamo del restaurante, tan personales como deliciosos.
Arroz de tomate seco y pulpo. Sobresaliente.
“Cuando empecé con la primera carta solo había un arroz”, explica Roca. “Era una carta de autor, en aquel momento. ¿Qué pasa? La gente empezaba a pedir más arroces. Y yo tenía una cocina preparada para otra cocina más mediterránea, con una plancha y platos de autor, pero la gente me pedía más arroz. Y a mí me encanta de siempre. Mi padre es un gran paellero. Empecé a poner alguno más y más y más. Y me tuve que cambiar la cocina. No me daban los fuegos. Me deshice de la plancha y metí doce fuegos grandes y uno industrial enorme. No de estos con gas con bombona, uno que te cagas, y con eso me empecé a subir los arroces hasta el día en que la gente se cree que es una arrocería, pero no era mi idea”.
Roca sirve los arroces en unas grandes cazuelas de hierro fundido, no en paella, pero son arroces más secos que melosos, con un estilo peculiar, pero que funciona de maravilla en combinaciones poco usuales como “ortigas y algas marinas”, “pulpo de roca y tomates secos” o “pato y foie”.
“He llegado yo a este tipo de arroz”, contesta Roca cuando le preguntan por su peculiar estilo. “No lo hago súper seco y con medio dedo de fino, como en Valencia, lo hago a mi manera, con una cazuela de hierro fundido. Queda más grueso, pero tiene algo más de humedad. Intento que me tiren más quedando a seco que meloso. Tengo ya pillado el punto, un domingo llego a tirar 60 paellas”.
Y, importante para los vegetarianos, si se avisa previamente Roca prepara el arroz con verduras solo con caldo de verduras. Y está muy bueno.
Alcachofa en tempura acompaña de salsa romescu. Perfecta.
La alcachofa es la estrella
El menú de arroz de Trángol es imbatible, por 28 euros por persona incluye tres entrantes, un arroz a elegir y postre. Pero su cocina más personal se deja ver en el menú degustación –46 euros, ocho pases– y, sobre todo, su menú especial de la temporada de alcachofa, el producto estrella de Benicarló, que cuenta incluso con una IGP propia.
“Eso me lo curro mucho”, explica Roca. “En octubre empiezo a pegarle a la cabeza, me voy a Tudela, me meto en restaurantes a comer, veo lo más top a ver qué hacen con la alcachofa, le doy muchas vueltas e intento sacar un menú degustación que sea una experiencia bastante total con la alcachofa, de principio a fin; y que sea protagonista, que no sean dos langostinos con dos hojitas de alcachofa. Intento empezar con snacks, distintas texturas, cositas, luego entrantes, cinco o seis, y luego un plato principal. Unos nueve platitos o diez. Intento meter antes de la carne un arroz con alcachofa. Me lo curro mucho, nunca lo abandono. No sé si tendré fuerzas de aquí a diez años a seguir esa línea, pero los clientes lo agradecen”.
Además de currarse platos más creativos, Trángol es también uno de los mejores restaurantes de la zona para probar el plato local más emblemático de Benicarló: el pulpo con patatas al mortero y alioli. “Nunca lo quitaré”, explica Roca. “Tiene una salida bestial”. Casi tanto como sus famosos huevos rotos con foie. “Es un plato que puse de rollo popular, con cebolla caramelizada casera, que ahora está muy trillada, pero en su momento casi nadie la tenía”, explica el cocinero. “Ha sido un superventas. Son de los dos que estoy más orgulloso”.
Benicarló cuenta con una buena lonja, donde proveerse de calamares tan ricos como este, hechos a la romana de libro.
Cocina rico y no matarse a trabajar
Actualmente, Trángol abre solo en horario de comida: da solo seis servicios a la semana, de los que viven nueve trabajadores. Un logro mayúsculo, que demuestra que una hostelería sin jornadas interminables es posible.
“Ya no gano lo de antes, pero me gano bien la vida, vivo bien porque no trabajamos por la noche y ya está”, explica el cocinero. “Tengo miedo a ir subiendo los precios y que al final entre menos gente, pero es un restaurante que se ha hecho muy popular en Benicarló, porque es calidad-precio adecuada. Cruzas la línea de Benicarló a Catalunya y el mismo menú son 10 euros más caro. Aquí no metemos mucha leña. Es de los sitios más baratos”.
Hemos llegado a un punto en la gastronomía en el que los grandes hallazgos son restaurantes como Trángol, donde poder probar la cocina local, con buenos precios, cariño y pocos aires de grandeza.
“He hecho un montón de cosas y me he quedado con esto, sota, caballo y rey”, concluye Roca. “Al final es un negocio y tiene que funcionar, tengo que hacer cosas que no te echen para atrás. Cuando voy a una carta, con bravas, calamares a la romana congelados, croquetas... Acabaremos fatal en este país. Yo creo que ya se acabó, solo vas a comer comida tradicional cuando un cocinero salga de la escuela y se preocupe de esto”.
Trángol
- Dónde: Carrer de València, 19. Benicarló.
- Precio medio: menús de 19 (entre semana) a 46 euros.
- Horarios: abre solo para comidas, de martes a domingo.
- Reservas: 964 04 43 23
Imágenes | Miguel Ayuso