Echar vinagre en el inodoro una vez a la semana: para qué sirve, qué beneficios tiene y cuándo es mejor no utilizarlo

El vinagre blanco puede ayudar con algunos retos de la limpieza del sanitario, pero no sustituye la limpieza habitual y nunca debe mezclarse con lejía

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Joana Costa

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El inodoro puede parecer limpio a simple vista y, aun así, ir acumulando cal, marcas producidas por el agua y suciedad en las paredes de la taza. Para evitar que estos restos terminen convirtiéndose en manchas difíciles de eliminar, hay un producto cotidiano que puede resultar útil para el mantenimiento: el vinagre blanco.

La explicación está en su composición. El vinagre contiene ácido acético, que puede actuar sobre determinados depósitos minerales, especialmente los relacionados con la cal. Por eso puede resultar práctico en viviendas con agua dura, donde las marcas blanquecinas o amarillentas aparecen con mayor facilidad.

No es un sustituto de la limpieza

Hay que tener en cuenta que echar vinagre al inodoro no significa que podamos olvidarnos del cepillo. Su utilidad está principalmente en ablandar depósitos minerales y facilitar su posterior eliminación, pero sigue siendo necesario frotar y realizar la limpieza habitual del sanitario.

Además, tampoco conviene presentarlo como un desinfectante equivalente a productos formulados específicamente para esa función. Que sea ácido y pueda ayudar con determinados residuos no significa que garantice por sí solo una desinfección completa del inodoro.

Cómo utilizarlo

Para una limpieza de mantenimiento puede verterse aproximadamente una taza de vinagre blanco en la taza, distribuirlo por las paredes interiores con el cepillo y dejarlo actuar durante unos 15 o 30 minutos.

Después habrá que frotar especialmente las zonas donde aparecen depósitos y manchas y, finalmente, accionar la cisterna. Si existe bastante cal, puede ser necesario repetir el procedimiento o recurrir a un producto específico adecuado para el material del sanitario.

Hacerlo periódicamente, por ejemplo, una vez por semana si existe tendencia a acumular cal, puede evitar que los depósitos aumenten, aunque no existe una necesidad universal de utilizar vinagre semanalmente: dependerá de la dureza del agua y de la frecuencia con la que se limpie el baño.

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Lo que nunca debes hacer

Aquí hay que andar con cuidado con este truco doméstico: el vinagre nunca debe mezclarse con lejía. Al acidificar una solución de hipoclorito puede favorecer la liberación de cloro gaseoso, peligroso por inhalación y capaz de provocar irritación y problemas respiratorios.

Si previamente se ha utilizado lejía u otro limpiador en el inodoro, lo prudente es no añadir vinagre encima. Tampoco conviene improvisar mezclas con otros productos cuando se desconoce su composición.

Asimismo, el vinagre tiene límites. Una incrustación importante puede necesitar un tratamiento específico, mientras que un mal olor que reaparece continuamente puede indicar un problema que va más allá de la limpieza de la taza, desde acumulaciones en otras partes del sanitario hasta cuestiones relacionadas con el desagüe o el sellado.

Así que la botella de vinagre puede tener una segunda vida fuera de la cocina, pero sin atribuirle poderes que no tiene: resulta útil contra determinados depósitos minerales y ayuda para el mantenimiento, pero siempre utilizado solo y sobre superficies compatibles.

Fotos | En Pexels: Kaboompics y Jonas Thomann.

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